2.2.07

Reintegrando la imágen al proceso lector.

La imagen como puente, reivindicación de la imagen.
Por Joan Ferrés.

Se ha hecho referencia antes a unas declaraciones de Neil Postman en las que aludía a pretendidas investigaciones que demuestran que con la incorporación de las imágenes no se obtienen beneficios significativos en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Ni Postman ni los investigadores en cuestión parecen prestar atención alguna a una serie de variables: qué tipo de informaciones se pretendían comunicar, cómo fueron presentadas, cuál era el modelo comunicativo que se tomaba como referencia, desde qué concepción del audiovisual se trabajaba...

Con demasiada frecuencia se tiende a confundir la comunicación audiovisual con la televisión, reduciendo la una a la otra. Es como si lo audiovisual no pudiera usarse de manera distinta a como es utilizado por la televisión convencional. Tiende a reducirse también lo audiovisual al soporte (la tecnología), obviando lo que comporta como forma de comunicación diferenciada. Es como si lo audiovisual no pudiera utilizarse de forma distinta a como es utilizado en aquellos programas didácticos o culturales en los que las imágenes se limitan a ilustrar un discurso verbal.

Más de un siglo de historia del cine es suficiente para testimoniar que la imagen puede ser utilizada como expresión y como estímulo del pensamiento, como expresión y como estímulo de la reflexión y de la racionalidad. Pero no hace falta recurrir a los grandes creadores audiovisuales para certificarlo. Abundan los intelectuales que, sin estar profesionalmente vinculados al mundo de la imagen, reconocen explícitamente la importancia de la imagen en la génesis de su pensamiento.

Einstein es muy radical al respecto: «Las palabras o el lenguaje, tal como son escritos y hablados, no parecen desempeñar papel alguno en mi mecanismo de pensamiento. Las entidades físicas que parecen servir como elementos en el pensamiento son signos ciertos e imágenes más o menos claras que pueden ser voluntariamente reproducidas y combinadas... Las palabras convencionales u otros signos han de buscarse laboriosamente en una etapa secundaria, cuando el antes citado juego asociativo está suficientemente establecido y puede ser reproducido a voluntad» (citado por Linda Verlee Williams, 1986, pág. 43).

Tal vez fuera esta dificultad por parte de Einstein de conceptualizar sin el apoyo de imágenes, esta dificultad de activar el pensamiento abstracto sin la fase previa del pensamiento visual, lo que explique que fuera un fracasado escolar. Y que lo fueran otros intelectuales de relieve. Por otra parte, la cita de Einstein y su propia trayectoria intelectual ponen de manifiesto la posibilidad de utilizar la imagen como puente, como vía de acceso a la racionalidad.

Aristóteles había dicho ya que el alma jamás piensa sin una imagen.

El científico Benoit Mandelbrot, especialista en geometría fractal, confesó que pensaba siempre en imágenes. El físico Niels Bohr: «El trabajo más importante de un científico consiste en crear imágenes nuevas». Y el propio Einstein: «Si no puedo dibujarlo, es que no lo entiendo».

La potencialidad conciliadora de la imagen.

La imagen es síntesis. 0 puede serlo. Es a un tiempo presencia y ausencia, conocimiento y misterio, realidad y símbolo, emoción y sentido... Es paradoja. La imagen puede adormecer y desvelar, movilizar o desmovilizar. Más de un siglo de historia del cine y más de medio de historia de la televisión corroboran tanto una posibilidad como la otra.

Lo mismo hay que decir de la historia de la ciencia y de la cultura en general. Si los pensadores críticos o apocalípticos nos han ofrecido reflexiones abundantes -y a veces convincentes- sobre el uso adormecedor o alienante de las imágenes, tanto Einstein y otros científicos como los grandes creadores audiovisuales nos ofrecen el testimonio de sus posibilidades creativas y desveladoras.

La imagen, tan denostada por algunos apocalípticos, puede ayudar al educador y al comunicador cultural a cumplir la función de puente, ya que su especificidad expresiva facilita la conexión entre las polaridades de las que se ha hablado hasta ahora:

1. Entre el cerebro emotivo y el cerebro pensante.
Jean-Paúl Sartre se preguntaba: « ¿No será la imagen una síntesis de la afectividad y del saber?». La imagen, que conecta de manera inevitable con la emotividad, puede utilizarse para despertar la racionalidad. A partir de su reconocida capacidad para crear conflictos emotivos, puede utilizase para generar conflictos cognitivos.


2. Entre el hemisferio derecho y el izquierdo.
Rembrandt decía que el cine es el arte más simbólico por el alcance de sus imágenes más allá de lo que muestran y que, al mismo tiempo, es el más realista. Vinculada directamente con el hemisferio derecho, la imagen permite la realización de transferencias hacia el izquierdo. De hecho, todo lo que se ha indicado sobre el uso didáctico de la fantasía tiene que ver de alguna manera con ello, ya que la fantasía supone en el fondo capacidad de generar y manipular imágenes mentales.


3. Entre el aula y la vida cotidiana.
La saturación de imágenes fuera del ámbito escolar contrasta con su escasez en los procesos de aprendizaje, del mismo modo que la abundancia de reflexión en el aula contrasta con su escasez fuera de ella. Una adecuada incorporación de la imagen en los procesos de enseñanza incrementará la motivación en el aula y, al mismo tiempo, habituará a los alumnos a reflexionar a partir de la imagen fuera de ella, prolongando así el aprendizaje.

4. Entre la motivación y la cognición.
Por su carácter de signo concreto, la imagen facilitará el aprendizaje de aquellos contenidos que tienen un fuerte componente visual. Y, por su carácter movilizador, será un recurso excelente para motivar a los alumnos de cara al aprendizaje de contenidos más abstractos. Las dos funciones están infrautilizadas en el aula. Tal vez sobre todo la segunda. Se ha hablado reiteradamente del carácter movilizador de las imágenes.


«Los moralistas, cuando hablaban de que había que vigilar los pensamientos para evitar las tentaciones, se dieron cuenta, antes que los psicólogos, del poder motor de las imágenes.» (I. Gómez de Liaño, 1989, pág. 110) Tal vez los educadores y hombres de cultura lo hayan descubierto, pero sin duda no lo aprovechan como podrían.
*(De su obra Educar en una cultura del espectáculo. Paidós: Barcelona, 2000. Pág.167 a 170)

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