10.7.10

ANALIZA Y MEDITA LO AQUI EXPUESTO......


Carta a los adolescentes infames


"Hamlet: ¿Qué es un hombre si su principal bien y la adquisición de su tiempo es sólo dormir y comer? Una bestia, nada más. Cierto que quien nos hizo con tan amplio entendimiento para mirar delante y detrás, no nos dio esa capacidad y esa razón divina para que se enmoheciese en nosotros sin usar".
(Shakespeare Hamlet. Acto IV. Escena IV).


Queridos y odiados adolescentes:


Quisiera recomendaros leer la Carta a los poderes de Antonin Artaud antes de que leyerais esta misiva que os dirijo, y así lo haría si semejante lectura estuviese a vuestro alcance, pero antes tendréis que madurar un poquito, así que, comenzaremos con lo que sigue vuestra nueva educación. Se acabó lo divertido, se acabo el ser igual a quienes te superan, se acabó el ser absolutamente irresponsables, se acabó el cristianismo, ¡nenes, nadie os va a salvar!, Papá y mamá solo podrán manteneros eternamente en la condición de la infancia.


Todo esto suena reaccionario hoy en día y lo contrario democrático, pero eso sólo es debido a que el mundo se encuentra cabeza abajo, en que el fascismo ha triunfado y usurpado hasta el nombre de su contrario, en que vivimos momentos de oscuridad en una nueva y renovada Edad Media.


"Los hombres de antes eran grandes y hermosos (ahora son niños y enanos), pero ésta es sólo una de las muchas pruebas del estado lamentable en que se encuentra este mundo caduco. La juventud ya no quiere aprender nada, la ciencia está en decadencia, el mundo marcha patas arriba, los ciegos guían a otros ciegos y los despeñan en los abismos, los pájaros se arrojan antes de haber echado a volar, el asno toca la lira, los bueyes bailan (...). Todo está descarriado. Demos gracias a Dios de que en aquella época mi maestro supiera infundirme el deseo de aprender y el sentido de la recta vía, que no se pierde por tortuoso que sea el sendero".
(Umberto Eco El Nombre de la Rosa. Barcelona, Editorial Lumen, 1982. Prólogo, p.22).


En el mundo en el que vivimos no sois más que carne para el matadero, material para la explotación y el deshecho. No sólo depende de vosotros el que os liberéis de semejante destino sino que tendrá que ver con el medio ambiente en el que os haya tocado nacer y vivir. Pues ciertamente, para alcanzar la virtud hay que contar con la Fortuna, la suerte, la casualidad, el azar, o el entramado político-social en que caemos, influirán en nuestro desarrollo o subdesarrollo. Pero como ya le decía Epicuro a Meneceo, no hay que desesperar de que el porvenir no sea del todo nuestro porque tampoco es del todo no nuestro.


Desgraciadamente, muchos de vosotros no vais a poder entender esta carta en su integridad, supera vuestras capacidades de alfabetización, pero aunque sea un diez por ciento, creo que será inteligible para cualquiera que sepa leer y escribir. Pero no pretendo educaros, irrespetuosos y engreídos engendros, sino que vuestra educación será en todo caso un derivado secundario de la mía y la de mis iguales, que es la que me interesa. No soy Teresa de Calcuta, ¿por qué habría de interesarme directamente por vosotros?


Obviamente se desprecia lo que no se entiende, el analfabeto adolescente despreciará la escritura como símbolos sin sentido, en lugar de orientarse hacia el aprendizaje de la lectura y de la escritura. Luego, el adolescente meramente alfabetizado, se creerá que porque sabe leer y escribir, sabrá leer cualquier cosa y escribir sobre cualquier cosa, sin darse cuenta de su situación de analfabetismo funcional, que hoy en día se sitúa al finalizar la educación secundaria obligatoria.


Se puede pensar que el que escribe, escribe para enseñar algo, pero eso sería un error, el verdadero escritor sólo escribe para sí mismo, es su forma de desarrollo, una forma de vida. Quizá otros puedan nutrirse de sus escritos, pero sólo aquellos que hayan caminado tanto como él. Por eso hay tanto escritor mediocre con tanto éxito. De ahí la diferencia entre un clásico y un best seller, que el primero se lee minoritariamente, generación tras generación, traspasando la barrera del tiempo, mientras que el segundo lo leen millones de descerebrados que se reconocen en semejante basura. Lo semejante tiende a lo semejante, quien ve la televisión basura se embasúrese, se emporca y acaba siendo el digno miembro de una enorme piara, al cultivar y acrecer su peor parte. Pero al acrecentamiento en la ignorancia sería absurdo llamarle progreso, nadie es excelente por consistir su superioridad en ser más ignorante que los demás, ser más ignorante no es ser más sino ser menos, y no hay ciencia de lo menos aunque exista el mal y el progreso en el mal. También hay que cuidarse por ello del estancamiento y de la involución, pues lo mejor, si no se ejercita, se atrofia o se pierde.


Pero ¿por qué ocuparse de algo tan poco apreciable como lo que todavía no es nada pero pretende serlo todo? ¿Por qué pensar en los adolescentes si son tan poco dignos de estimación? -se me podría preguntar. Pues os daré dos razones: primera, que todo acontecimiento es una buena ocasión para ejercitar la reflexión, incluso el encuentro no ya sólo con los adolescentes cronológicos, seres al fin y al cabo por hacer y que quizá puedan llegar a desarrollar algún tipo de excelencia, sino con los adolescentes con canas, éstos ya despreciables y algunos irrecuperables, que han involucionado de tal manera y se han estancado de tal modo, que merecerían nuestra compasión si fuésemos cristianos; pero como no lo somos, tan sólo se hacen acreedores de nuestro desprecio. Y la segunda razón, ya expuesta con otras palabras en relación con la acción de escribir, que si pensar en el diablo era la forma en que los virtuosos frailes querían progresar en lo divino, para progresar en la razón cultivada, me veo en la necesidad de estudiar aquello que la estorba o la impide. Como decía Maquiavelo, se trata de aprender el camino del infierno, para evitarlo.


¡Adolescentes!, vosotros sois quienes pretenden saberlo todo sin trabajar nada, quienes pretenden tener dignidad sin haberla ganado a pulso, quienes pretenden ser mejores sin dedicar, no ya unos años, sino la vida entera a mejorar. Sois quienes queréis los fines sin esforzaros por conseguir los medios. En nuestra época sois muchos, no sólo sois adolescentes, y aunque sí principalmente, por edad, se os puede localizar entre los 14 y los 20 años, también personas de todas las edades y de toda condición social podrán identificarse con la condición que aquí se expone. Porque en nuestra época del consumo inmediato se piensa que se pueden comprar las virtudes, cuando sólo se pueden adquirir con esfuerzo y años de trabajo. No se puede comprar el conocimiento, ni la sensibilidad, ni la valentía, ni el amor, ni la disciplina, ni el respeto, ni la prudencia, ni la amistad, todos los hombres cuentan en general con esas y otras muchas facultades en potencia, pero es necesario llevarlas al acto y eso, en la cultura, a diferencia de en la naturaleza, no sucede espontánea y necesariamente. Como dice Hegel en la semilla del árbol está ya contenido el árbol futuro al igual que en el embrión humano está contenido el hombre futuro, pero el desarrollo del hombre no consiste en llegar a ser hombre, como el del árbol consiste en llegar a necesariamente ser árbol, sino que el desarrollo del hombre consiste en llegar a la edad de la razón, en convertirse en una razón, un cuerpo y una sensibilidad cultivadas. Mucho más que en la naturaleza en este terreno lo que no se poda, se abona y se rodea de un ambiente idóneo se marchita, se angosta, se tuerce y se pudre. Pero la metáfora de la planta no nos basta, porque a diferencia de ésta el hombre tiene que participar en cuanto hacerse consciente de su voluntad de crecimiento o de lo contrario se sufrirá de enanismo y borreguismo.

1- Psicología del adolescente-niñato.


El adolescente no accede aún a la teoría en ninguna de sus modalidades, ni a la ciencia, ni al arte, tiene, tan sólo, psicología, y toma esa parte como un todo. Su salida de la infancia le sume en un letargo espiritual, una sensación de autosuficiencia y un engreimiento, cuya extrema duración puede acabar arruinándole en cuanto proyecto de razón cultivada. Se cree especial aunque no tiene nada de especial porque aún ni siquiera ha tenido tiempo de forjarse ninguna especialidad. Experto en todo y en nada por obra del Espíritu Santo, piensa que ha nacido ya con algo de lo que carecen los demás, tiene la pérfida idea del Antiguo Régimen de que por alguna razón oculta ha nacido noble en un mundo de plebeyos.


La consideración de los demás es recíproca y esta clase de borregos se consideran todos ellos nobles y a los demás borregos, esto es, prontos a juzgar a los demás sin tener siquiera criterios ni elementos de juicio, prejuzgan psicológicamente que todos son borregos menos ellos. Todavía tienen que recibir muchas palizas hasta darse cuenta de lo borrego que hay en ellos y, entonces, volcarse a trabajar contra eso, su propia estupidez, y no pretender dar lecciones a los demás.


Como desconocen el plano teórico no pueden desprenderse de su yo, que les persigue a todas partes, ni de sus emociones, y siendo incapaces aún de razonar, se dedican a rebuznar. Pero sus rebuznos les suenan a música celestial, aunque no hayan llegado tampoco a emanciparse del juicio de los demás y la notoriedad de su ignorancia y su poca valía les produzca un enorme dolor en los momentos en que queda en entredicho o cuando les acaece un arrebato temprano de lucidez.


2- Humildad, buenos modales, disciplina y respeto, las tres actitudes básicas para el comienzo del crecimiento.


Estos cuatro conceptos resumen la actitud del que aprende y progresa, porque sólo se puede aprender y progresar con ayuda de lo que es mejor, es decir, únicamente lo mejor nos puede orientar hacia el mejorar. Contradictorio sería el tender hacia lo peor para ser mejor. Ahora bien, ¿qué actitud es la que nos puede ayudar a que lo mejor nos acoja? ¿cómo lograremos que lo mejor, que no quisiera en principio, juntarse con lo peor, se nos arrime y nos impulse ayudándonos a arribar hacia su zona? Desde luego que no lo lograremos, ¡no lo lograreis, adolescentes!, ¡creyéndoos mejores que lo mejor!. Hacia lo mejor, para ser acogido, hay que acercarse humildemente, pidiendo permiso para entrar, quitándose los zapatos y manteniendo alejada la sucia mano. Una vez dentro, habiendo entrado con humildad y manifestando buenos modales, para permanecer en lo mejor habrá que acrecentar la disciplina, pues mantenerse en la lucha por mejorar requiere esfuerzo y constancia, y una vez que la humildad y la disciplina nos hayan hecho lograr el ingreso entre los mejores habrá que demostrar respeto ante nuestros iguales y también hacia todos los demás que se nos dirijan con educación, amabilidad y cortesía. A los zafios los trataremos con simple y llana cortesía, seremos meramente educados con ellos, y no maltrataremos a quienes nos son inferiores, pero no les podremos tener estimación, base del respeto, porque sólo ha de estimarse lo igual o lo mejor.


Los modales son algo que se ha de aprender en casa primariamente y ejercitar entre los conciudadanos después. A tener modales se le llama tener buena educación, no siendo a los profesores a quienes corresponde enseñar a un niño a sonarse los mocos o pelar una naranja, sino a los padres. Sin modales es absurdo que se acuda a la escuela, porque entonces el profesor, en lugar de enseñar su materia tendrá que consagrarse a modelar el comportamiento, ya que sin un comportamiento correcto es imposible enseñar nada ni aprender nada.


Quien se crea que puede acercarse a lo mejor y comprarlo, pagando, como quien consume un artículo o valor de cambio, va muy listo, pues no se puede comprar, y por eso es tan estimable, lo más estimable es lo que no se puede comprar ni vender. ¡Tratad, adolescentes infames, de comprar el amor, por ejemplo! Pagareis a una prostituta unas lecciones de infamia que os alejarán del arte de la erótica y no llegareis más lejos en el exquisito arte del sexo que el perro o el chimpancé.

3- El momento de la hybris y el final del miedo a la muerte como recomienzo de una nueva etapa.


El momento de la hybris viene después de haber acrecentado mucho, mucho, durante años, las fuerzas, y los adolescentes que pretenden adoptarlo, sin tener potencia para ello, son la manifestación más palmaria de la temeridad de la ignorancia. Quien quiera hacer algo por los demás primero tiene que hacer mucho por sí mismo, para lo cual, desde luego, necesitará de otros con los que aprender y otros que le ayuden a aprender. No hay nada más triste ni más ridículo que un ignorante pretendiendo aleccionar y enseñar a los sabios. Nada es más zafio que la imagen de Jesús, a los doce años, entre los doctores. Pero ya se sabe que el cristianismo es una religión de esclavos y un veneno progresivo en lo peor. Tan sólo el capitalismo rivaliza con el cristianismo en provocar envilecimiento, estancamiento e involución.


"El carácter pecaminoso de lo corporal, y por supuesto la aversión hacia la desnudez, es ya rasgo inherente a la tradición religiosa judía, que reaparece en el cristianismo, y, en segundo lugar, el atletismo y los juegos atléticos no pudieron quedar de ninguna manera al margen del conflicto entre cristiandad y paganismo, que precipitaría la muerte, por motivos religiosos, de los antiguos juegos paganos, y con ellos del deporte griego (...) La Iglesia radicalizó su actitud frente a todo lo relativo al cuerpo, y en consecuencia, frente a la educación física, de manera que, al quedar la educación y la cultura en sus manos tras el colapso del Imperio Romano, la formación literaria de tipo clásico sobrevivió, pero la formación física desapareció o, mejor dicho, quedó reducida al simple entrenamiento del cuerpo con vistas a la guerra. Esta situación, como es sabido, se mantuvo durante muchos siglos, y sólo en época contemporánea la educación del cuerpo ha comenzado a ocupar el lugar que le otorgaron los griegos, el lugar que, en suma, le corresponde en la formación integral del ser humano".
(F.García Romero Los juegos Olímpicos y el deporte en Grecia. Editorial AUSA. Sabadell, 1992, 1.4.2.1. Págs. 169-170).


El cristianismo sintió profunda aversión por el cultivo del cuerpo y de la mente, sustituyendo a ambos por el culto al espíritu. La flagelación y mortificación del cuerpo sustituyó a las prácticas deportivas y la plegaria y la teología desplazaron o sojuzgaron a la sofística y a la filosofía. No puedo detenerme aquí a explicar la relación de la muerte, de lo negativo, con la vida, y de cómo el cristianismo nubló y debilitó las mentes con la mentira de la inmortalidad, para eso hay que leer a Hegel y eso es algo que yo apenas estoy comenzando a hacer, pues no hace mucho que se leer (mis iguales entienden lo que significa esto último y a los demás es ocioso el explicárselo).


4- Música, Gimnasia y Filosofía, los tres modos fundamentales del desarrollo.


La música desarrolla la sensibilidad, la gimnasia la corporalidad y la filosofía la intelectualidad. Las dos primeras enseñan el equilibrio, la armonía, la paciencia y la disciplina necesarias para abordar con humildad y respeto la tercera, al tiempo que abonan el terreno sobre el que se asienta el pensamiento. El pensamiento no puede asentarse sobre una sensibilidad embotada ni sobre una corporalidad enfermiza y angostada, de ahí que todas las labores humanas que embotan la sensibilidad y arruinen el cuerpo sean trabajos a los que los griegos, nuestros principales maestros, consideraron siempre como propios de esclavos y no de hombres libres. Lo divino que hay en el hombre son esas semillas por desarrollar.


"¿Qué gobierno supremo, qué magistratura, qué reinado puede ser más excelente que el de quien, despreciando todo lo humano y considerándolo indigno de la filosofía, no medita más que en lo sempiterno y divino, y está convencido de que aunque los otros hombres puedan llamarse tales, sólo lo son realmente los educados en las humanidades?" (Cicerón República, Libro I, 17, 28-29).


Componer música (arte), realizar nuevos movimientos corporales o hacer teoría científica o filosofía, son las tres pruebas fundamentales del haberse desarrollado. Son, esencialmente, resultado, resultado de un laborioso trabajo, del menos vil de los trabajos, del trabajo de la consecución de la areté, de la labor de la excelencia. La capacidad teorética, la sensible y la práctica son un resultado que se convierte en un nuevo comienzo en un nivel superior, en un proceso de retroalimentación que nunca culmina. Pero un desarrollo unilateral, como el especialismo para la profesionalización, exclusivo fin de nuestras escuelas actuales, no equivale a progreso en general, ya que sólo se puede avanzar en todos los frentes a la vez. De ahí que el nivel del progreso en particular sea siempre más alto que el nivel del progreso real, esto es, general. Ello nos hace comprensible que un profesional de nuestro tiempo, aparentemente un triunfador, desde el modo vulgar de considerar el éxito, pueda ser en la realidad un infrahombre, como nos lo demuestran a diario muchos de nuestros conciudadanos, en la televisión, en los certámenes futbolísticos, en los centros de consumo conspicuo, en todos los lugares y escalas del espectro de la sociedad del dinero.

5- Agonismo y semejanza.


Los niños, en Grecia, iban acompañados de sus pedagogos, como Menón en la obra platónica que lleva tal nombre. Sócrates al hablar con adolescentes, con quienes habían pasado la edad de Menón e ingresado en la institución de la efebía, no pretendía enseñarles nada, pues nada decía tener que enseñar, sino que proponía que la búsqueda del conocimiento era lo que proporcionaba la virtud y, al buscar la propia, le gustaba caminar en compañía, y al no encontrar semejantes, se contentaba con caminar junto a los mejores jóvenes de Grecia, ya que los viejos estaban ya echados a perder por la política y el dinero. Sin embargo los sofistas sí que pretendían enseñar la virtud, como si fuese algo que se pudiese transmitir y no algo que sólo podía alcanzar el interesado mismo, con su trabajo y esfuerzo, siendo entonces algo sobre lo que tan sólo se podría ayudar a alcanzar mediante la orientación. Pero Protágoras parece entenderlo del último modo, porque cuando en el diálogo que lleva su nombre responde a la pregunta de Sócrates sobre lo que conseguirá un noble muchacho al acudir a su compañía, el sofista responde que se hará mejor. Esto es, no lo hará mejor Protágoras, sino que se hará mejor el muchacho si frecuenta la compañía del sofista. Y eso porque lo semejante tiende a lo semejante, de modo que si se quiere ser mejor habrá que buscar la compañía de los mejores y, imitándoles primero, participar después de su virtud hasta llegar a alcanzar su virtud.


La relación de Sócrates con Alcibíades sería incomprensible de no haber una semejanza de la desemejanza, y, efectivamente, lo que dice Heidegger acerca de esa relación es que el pensamiento más profundo se relaciona con lo más vivo, con lo que manifiesta una mayor vitalidad. De todas formas dirá Sócrates en la República que en la relación sale perdiendo, ya que él tiene mucho más que ofrecer que el joven Alcibíades, pero este último había demostrado y habría de seguir demostrando después que era de los mejores y por tanto digno de la atención del filósofo. Su belleza, su nobleza, su ingenio, el modo respetuoso y atento como trataba a su maestro, su actitud erótico-festiva y su humildad intelectual para con el pensador le hacían acreedor de la suerte de su compañía.


Los diferentes pueden ser nuestros semejantes porque muchas son las virtudes y las formas de progresar en la virtud. Artistas, como Mozart o como Esquilo, son semejantes de filósofos como Platón o Nietzsche, o de científicos como Darwin o Einstein. ¿Cómo no va amar la filosofía al arte si es lo que necesita para completarse?. El arte, la ciencia y la filosofía son las principales formas de progresar en la virtud. Difícil es cultivarlas todas, pero necio el no cultivar ninguna.


El problema de la educación de los adolescentes, concebida de un modo trivial o usual y no del erótico-festivo antedicho, es que ni Sócrates ni Protágoras aprenderían nada ni progresarían en nada si en lugar de semejantes, frecuentasen la compañía de los inferiores. ¿Qué podría aprender Sócrates de los más torpes de sus interlocutores? ¡Nada! Aunque de los mejores, como Alcibíades, recibiese edificación. En esos otros casos en los que la inferioridad es manifiesta y no hay siquiera el elemento erótico-festivo de la edificación que se produce cuando lo profundo se mezcla con lo más vivo, produciéndose el encuentro entre dos plenitudes, cuando el caso es de confrontación con la ignorancia, como el del Eutidemo, no hay agonismo, no hay progreso mutuo de las dos partes en liza, lo que hace Sócrates es propinar una paliza a su adversario, con facilidad, sin tener siquiera que esforzarse. Por eso el diálogo más agonístico de Platón, junto a El Banquete, es el Protágoras, porque en él se encuentra Sócrates con un semejante, con un contendiente de la misma envergadura. Y la estructura pugilística del diálogo refleja una realidad profunda, la acción agonística en dirección a la virtud, que deja a cada contendiente con los golpes y el aprendizaje del otro.


6- Rivalidad, Olimpiadas y formación integral: contra la especialización extrema.


Ya existieron en la Grecia clásica unos pocos críticos, contrarios al deporte especializado. Platón sitúa a la gimnasia y a la música como elementos propios de la educación pública de todos los ciudadanos, tanto hombres como mujeres (República 376e, 403c, 452a-b, 455d ss., 521d y ss.; Leyes 765d, 754c-d, 801d, 804e, 809a). Ataca duramente el régimen de vida y la finalidad del sistema de entrenamiento de los atletas profesionales (Rep. 403e, Leyes 796a.d y 830a) que acaban arruinándose como seres humanos a causa de la dedicación en exclusividad al deporte; condena de la especialización que reaparece en Aristóteles (Política 1338b). La gimnasia debe practicarse sin excesos "desde la niñez, a lo largo de toda la vida" (Rep. 403c; Leyes 643b-c y 794a-b), incluso durante la vejez (Aristóteles Política 1331a), buscando un equilibrio entre la educación física y la intelectual, ya que Platón y Aristóteles coinciden con el ideal de la educación ateniense tradicional, en el que el cuidado del cuerpo, junto al del espíritu, también hace mejores, moral e intelectualmente, a las personas, ya que proporcionan cualidades como la valentía, la honestidad, la resistencia, la belleza, el vigor y la salud. El agonismo griego se caracteriza por la reunión de hombres "que no compiten por dinero, sino por poner a prueba sus cualidades" (Heródoto 8.26). A través de la rivalidad (agon) de los certámenes atléticos, poético-musicales, teatrales y filosóficos, se fomentaba el cultivo y desarrollo de la excelencia (areté), distinguiéndose ya en la antigüedad entre una rivalidad buena o positiva y otra mala o meramente destructiva (las dos Érides de Hesíodo Trabajos y Días vv.12-42). La discordia positiva es la que permite el crecimiento mutuo y tiene esa finalidad, mientras que la discordia negativa es la que busca la destrucción o el sometimiento (esclavitud) del otro en lugar del mutuo desarrollo.


Fácilmente se podrá incluir en nuestros días, leyendo lo anterior, a la competencia del liberalismo económico moderno o capitalismo en la Eris (discordia) mala, que busca el sometimiento del otro a través de la esclavitud laboral y el exclusivo crecimiento económico a consta de la ruina física, moral e intelectual propia y ajena. El capitalista es un especialista en el enriquecimiento económico privado, siendo el egoísmo, la maximización del beneficio, la única finalidad de todas sus actividades; debido al equívoco que suscita la idea moderna de que las cualidades físicas, morales o intelectuales, se pueden comprar en el mercado.


Nunca los críticos del especialismo pudieron vencer la afición popular y entre los vencedores de los juegos, aunque hubo muchos ciudadanos empezaron a surgir profesionales. Se levantaban estatuas a los vencedores alabando la belleza y destreza de su arte, los poetas les cantaban como hijos de algún dios y sus ciudades les trataban como héroes eternos.


El Atleta triunfador era uno de los hombres de mayor éxito social, ganaba la exención de pagar impuestos y de hacer el servicio militar, el derecho a la manutención vitalicia en el comedor de honor de la ciudad, la inmunidad personal y la inmunidad de encarcelamiento, entre otras ventajas dependiendo de la época. Al principio el ciudadano que practicaba el deporte como parte de su formación recibió estos homenajes, homenaje que Sócrates pidió al tribunal que lo condenaba a muerte como pena alternativa a su acción por la ciudad, pero poco a poco el ciudadano empezó a ser desplazado por los profesionales, especializados exclusivamente en el deporte y embrutecidos en todo lo demás.


¿Qué son los cien años de Olimpiadas modernas frente a los más de 1.200 años de las que se celebraron en la antigüedad?. Desde el siglo VIII a.C. hasta el siglo IV d.C. se llevaron a cabo, cada cuatro años, los Juegos antiguos. Luego tuvo Occidente un largo periodo (quince siglos al menos) durante el cual había perdido su tradicional práctica de los deportes de competición. Quince siglos de estancamiento a causa del cristianismo. Hasta que en Atenas, en el año 1896, se llevó a cabo la primera Olimpiada de los Juegos Modernos. ¿Pero tienen algo que ver esos nuevos juegos profesionalizados y masificados con el agonismo de la ciudad griega?

7- El pugilismo como ejemplo particular del agonismo educativo en general.


El pugilismo es un buen ejemplo de agonismo y es en el agonismo deportivo y corporal donde mejor puede verse la relación entre la rivalidad entre semejantes y la virtud. Los certámenes atléticos, poético-musicales, teatrales, sofísticos y filosóficos centraban la vida del pueblo Griego, en el deporte su máxima expresión se daba claramente en las tres modalidades de lucha sin armas: pugilato, lucha y pancracio, además de en las otras modalidades deportivas, orientadas todas ellas a la guerra y a la defensa de la libertad frente a la esclavitud.
Hay que distinguir entre entrenamiento y competición al hablar del agonismo griego. El entrenamiento puede hacerse y es favorable que así sea con alguien que esté un poco por encima del nivel que se tenga, de ese modo el superior siempre puede aprovechar para su ejercicio de mantenimiento al inferior y el inferior progresará al ver la meta cercana. Cuando un maestro entrena con un novato, el primero se aburre y pierde el tiempo, mientras que el segundo no puede aprender nada por estar muy por encima y muy lejano, el nivel del primero. Los maestros sólo deben enseñar a los mejores, porque tienen la maestría, que los mejores están a punto de alcanzar.
En la competición nadie pondrá en duda que los contendientes tienen que ser semejantes, ya que de lo contrario, el púgil superior proporcionará una soberana paliza al púgil inferior, y nada se aprende de boxeo por hacer el papel de saco, aunque para los espectadores que no conozcan a fondo el espectáculo pueda ser mayormente espectacular una paliza que el equilibrio entre iguales de gran nivel. Es más vistosa a un neófito la paliza que puede dar un ajedrecista avezado a quien no domina el juego que un encuentro entre campeones del mundo o maestros.
Se dirá que el entrenador muchas veces no es un semejante, sino que lo ha sido, lo cual quiere decir lo mismo, ya que si por la edad y no por desidia y abandono, se pierde vigor corporal, no por ello se pierde lo que se adquiere a través del vigor corporal. El entrenador físico entrado en años, el excampeón pugilístico, puede ayudar a los que quieran llegar al nivel que él conoció y conoce, dirigirá entonces su entrenamiento, aunque ya no entrene con ellos.
Por suerte el vigor intelectual es mucho más duradero que el corporal y el maestro siempre podrá llegar a competir con sus discípulos, devenidos maestros ellos mismos, como con iguales. El mejor discípulo de Sócrates fue Platón, el mejor de Platón Aristóteles, el mejor de Husserl fue Heidegger, todos ellos rivalizan en la maestría de la filosofía, juntos cuando pertenecen a la misma época, a través de los siglos, cuando no son contemporáneos. Sin embargo suele haber algo erróneo en muchos maestros, algo que pone en duda incluso su condición de tales, pues muchas veces, en lugar de alegrarse de que su discípulo se haya convertido en maestro y haya llegado a rivalizar con él, lo experimenta como una traición, ya que antes le seguía y ahora vuela por sí solo y se le enfrenta. Pero esa actitud denota un fallo en el maestro, ya que si bien la actitud del discípulo novato o del niñato, que pretenden saberlo todo sin trabajar nada, resulta detestable, la actitud del maestro que, tras largos años de haber dedicado tiempo al discípulo, viendo su crecimiento, no acepta gozoso que el pupilo vuele por si sólo y ya no necesite más entrenamiento sino mucha competición, comete una falta a la que el maldito mesianismo somete a veces incluso a los mejores, la de no querer iguales. Pero eso pasa por falta de ejercicio, ya que el maestro acostumbrado a frecuentar maestros no se apenará de contar con uno más y ahora ex discípulo, mientras que el maestro acostumbrado a los adolescentes, al tiempo que pierde la ocasión de mejorar su maestría, se estanca y se envilece, pierde la perspectiva de la igualdad y, de tanto estar tan por encima de sus pupilos, se desacostumbra y ya no admite ni la rivalidad ni su propio progreso.
Cierto que hay también entendidos en la materia, y muchos que quieren pasar por tales sin serlo, esto es, charlatanes, ya que los griegos no sabían todos ellos componer tragedias (aunque desde la niñez se habían ejercitado en contemplarlas y en componerlas) y, sin embargo, eran unos extraordinarios jueces de las tragedias. Pero es que el árbitro de una competición, aunque sea necesario que sea un practicante aficionado de la actividad en la que se compite para poder valorarla o juzgarla en su mayor o menor estimación, no tiene que ser un experto competidor él mismo, para poder darse cuenta de cuando un contendiente es mejor que otro. El árbitro puede ser un aficionado, pero no solamente a la contemplación, como en nuestros días, sino a la práctica de aquello que ha de juzgar. Contra más lejano al de los contendientes sea el nivel del propio árbitro peor será su juicio, ya que en rigor, uno sólo puede ser juzgado por sus semejantes o por quienes estén por encima.
Sólo la miseria de tener que ganarse la vida de ese modo ha obligado en nuestro tiempo a que los maestros tengan que ocuparse de la educación de los adolescentes, cuando bastaría un joven un poco más maduro para educar a los adolescentes, o un adulto que no fuese un maestro, bastaría (y de hecho basta) una calificación ligeramente superior a la que se exige, siendo contraproducente la mayor distancia. Resulta claro que todos los maestros que pueden, dejan a los novatos en manos de un aprendiz avanzado y se consagran a la enseñanza de los mejores, de quienes empiezan a ser sus semejantes, y quienes no hacen eso, o bien no pueden escoger o en realidad no son maestros. Aquel adulto que dice que lo que a él le gusta es enseñar a los niños no es un maestro, no tiene maestría, sino que cuenta con bondad, amabilidad y poco seso, su nivel científico es muy pobre. También todos los mamíferos son pacientes y amables con los cachorros.
Cuando se piensa que el mejor profesor de un niñato es el más sabio, el maestro, se atiende a una mística espiritualista del todo quimérica, la de que aquél que conoce lo más profundo es quien está mayormente capacitada para transmitir la magia de la ciencia a través de la enseñanza de lo más simple. Un árbol robusto no crece en un terreno que no ha sido previamente abonado y regado, por muy sabio que sea el agricultor que plante la semilla.
De la nada, nada puede surgir.


Simón Royo Hernández
siroyo@rocketmail.com

2.7.10

LA GLOBALIZACIÓN Y LA EDUCACIÓN.....



Globalización, humanismo y educación


Por Gustavo Flores Quelopana
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía.

Toda auténtica educación es Humanismo, escuela que sólo instruye no humaniza y no cumple la elevada misión de la educación. Y aunque la palabra humanismo sea un vocablo ambiguo, lo que aparece claro es que quien lo pronuncia compromete toda una metafísica siempre y cuando tienda esencialmente a hacer al hombre más verdaderamente humano desarrollando las virtualidades en él contenidas para convertir las fuerzas del mundo físico en instrumento de su libertad. La historia y el mundo son de una ambivalencia radical; representan tanto una marcha hacia el reino del bien como hacia el reino mal. Esta ambivalencia radical ha afectado también a la historia misma del humanismo.


El verdadero humanismo no es antropocéntrico, objetivista, inmanentista, secular y naturalista, ello es hominismo y antropotecnia, sino que el verdadero humanismo es el que reconoce la dimensión metafísica del ser humano, porque el hombre es el ser finito plantado en lo Absoluto, es el buscador de Dios, es libre y trascendente, y cada hombre es irremplazable. El verdadero humanismo es comunión fraterna pero no adora al hombre, respeta la dignidad y las exigencias integrales de la persona sin olvidar que no sólo debe existir en el orden temporal. En el hombre hay algo más que el hombre, el hombre está en el tiempo pero no es del tiempo, su fin no se agota en la vida temporal. Así entendido, la educación es inseparable del humanismo y éste de la civilización o de la cultura. Pero ocurre que la tragedia de la educación humanística es el haber sido herida de muerte desde la Reforma –que concibió una teología de la gracia sin la libertad- y el Renacimiento –que concibió una metafísica de la libertad sin la gracia-, los cuales fueron el punto de partida de los humanismos antropocéntricos que terminaron por sustituir el culto del Hombre-Dios por el puro Hombre, para finalmente proclamar en la posmodernidad la era del posthumanismo y la muerte del propio hombre, pregonando un cibernetismo sin antropocentrismo, el culto descarado de la máquina como nuevo deus ex machina. La emancipación de toda metafísica de la trascendencia por parte de las formas contemporáneas del humanismo occidental desembocó hacia el culto a la máquina y el enriquecimiento personal, retratando esto el alma desquiciada de una civilización que pinta con nitidez la configuración de una barbarie civilizada, donde acontece la muerte de la persona, como centro dinámico de decisiones libres y conscientes.


En esta línea, la filosofía hermenéutica y la cultura posmoderna son tan profundamente una religión terrestre –quizá aun más que el otrora ateísmo comunista- que ignora firmemente ser una religión. Entre los elementos originarios de la filosofía hermenéutica nihilista hay elementos cristianos. Son ideas, sentimientos y energías antaño cristianas hoy secularizadas. La idea misma de libertad y tolerancia, que le da su fuerza cultural y que quiere realizar en la vida social terrestre, son ideas de origen cristiano, pero se presentan como virtudes cristianas desquiciadas o virtudes enloquecidas. De modo que podríamos decir que el golpe mortal a la educación humanística está representada por dos variedades de humanismo luciferino: el humanismo antropocéntrico de los siglos XVII, XVIII y XIX y el Humanismo Tecnológico de los siglos XX y XXI. Sobretodo éste último, el humanismo tecnológico representa la capitulación de lo humano ante la razón técnica, es el momento de la rendición de lo humano ante el poder de la máquina, el hombre deja de poner su fin último en sí mismo y lo pone en el artilugio técnico y no pudiendo soportar más el vacío y la soledad de una conciencia y un mundo vaciado de lo trascendente, emprende una cruzada incesante para hacer surgir una humanidad completamente insensible y anética mediante la Globalización y la cultura posmoderna.


En este sentido, hay que destacar por un lado, que la educación está relacionada con factores extraeducativos, sin embargo hay que evitar caer en el sociologismo de la educación, como en el educacionalismo de la sociedad. Y por otro lado, la educación está comprometida con la renovación de la vida espiritual y de la vida moral, en esto consiste su trabajo por la transformación del orden temporal. Sin caer en el peligro de encerrarse exclusivamente en el claustro de la vida interior y de las virtudes privadas necesitará contribuir a la elaboración de una nueva filosofía social, política y económica, no limitada tan sólo a principios universales, sino ser capaz de descender hasta las realizaciones concretas. Hay que tener esto presente por cuanto que el debate de la educación actual está atravesado por dos fenómenos culturales que la influyen y la desbordan, a saber: la Globalización y la cultura posmoderna.

La globalización neoliberal


Sin eufemismos ni tecnicismo económicos hay que afirmar que la Globalización neoliberal de la última década es un fenómeno nuevo, al que antropológicamente se le puede denominar como el triunfo del hombre anético, y económicamente como el triunfo del Hiperimperialismo. El hombre anético es el que enarbola la falsa insignia del sujeto libre, pero que en realidad nos conduce hacia la idea de libertad en su forma más abyecta, a saber, separada de la organización justa de la sociedad. Antropológicamente la globalización encarna una individualidad mutilada, porque vive indiferente a la desvinculación de la libertad con la justicia. Económicamente se trata de una nueva era de los monopolios megacorporativos que gozan de la gran autonomía del capital transnacional, su hegemonía real ya no corresponde a ninguna potencia nacional en particular, sino a las megacorporaciones estatales privadas.


Se trata de un proceso de acumulación de capital que ya no se sustenta en la concentración de la producción y sí más bien en la especulación financiera, siendo así que la ruptura de la simbiosis entre el capital bancario y el capital industrial se convierte en emblemático. La globalización viene a ser sólo una de las características del supercapitalismo en una nueva fase evolutiva posterior al imperialismo y que encarna la metamorfosis del capital monopólico en capital megacorporativo post-estatal. El capitalismo que se ha globalizado en las últimas dos décadas del siglo XX y que impone su dictado en los albores del siglo XXI no es el típico capitalismo liberal o de libre competencia, con su explotación colonial en el mundo; tampoco es el capitalismo monopolista de organización regulada por el Estado, también llamado “imperialismo de los trusts” por Lenin o capitalismo tardío por Weber y la escuela de Frankfurt; sino lo que tenemos enfrente es una nueva mutación del capitalismo monopólico en capitalismo de las megacorporaciones privadas, cuya legitimación no necesita de las aduanas de los Estados-nación que ahora son rehenes de aquellas.


El desmoronamiento del socialismo autoritario y la conformación de un mundo unipolar fueron las principales causas políticas que precipitaron el tránsito del capitalismo imperialista, que se sustentaba en la soberanía de los Estados-nación, hacia una fase nueva superior denominada hiperimperialismo. Si el imperialismo se caracteriza por el reemplazo del capital de libre concurrencia por el capital monopolista, ahora se caracteriza por el reemplazo del capital monopolista por el capital megacorporativo descentrado y especulativo. El hiperimperialismo muestra la capacidad de adaptación del capitalismo contemporáneo y señala el término del capitalismo imperialista, ahora se trata del desarrollo de un aparato económico-político desterritorializado y descentrado que no conoce fronteras y que impera en la tierra entera.


El megacorporativismo post-estatal capitalista rebasa los paradigmas del pensamiento político del siglo XX: nacionalismo, socialismo y liberalismo, pero lo realmente novedoso es el desarrollo de la nueva forma de soberanía de las megacorporaciones privadas, el poder megacorporativo sin fronteras, el declive del Estado-nación, el carácter especulativo y no productivo de los mercados financieros, la acelerada desproletarización de la fuerza laboral, la extinción del trabajo o la no producción de empleos, la desmaterialización de la producción, el aumento astronómico de la riqueza especulativa, el paso de la geopolítica a la geoeconomía, la colisión de las nuevas tecnologías con la necesidad de crear puestos de trabajo, el desarrollo de formas post-industriales de trabajo y de producción que rebasan el poder de los Estados-nación incluso los más poderosos, la agudización de un estilo de vida antiecológico, aumento de la miseria y exclusión social, el peligro de crecimiento de fenómenos totalitarios en el seno de la democracia misma que amenazan con su destrucción y el arrinconamiento al que son precipitadas las identidades culturales. Pero sobretodo es el desdichado triunfo antropológico del hombre anético.


El supercapitalismo globalizado es esencialmente todo esto, pero además es algo que casi siempre se pasa de vista: su efecto sobre el hombre. Ya Erich Fromm en su momento había señalado que las condiciones económicas de la sociedad industrial moderna, y no la educación que sólo es trasmisora, es la causante de las perturbaciones de la salud mental, porque si bien el capitalismo ha cambiado sin embargo un hecho se mantiene imperturbable: que el hombre deja de ser un fin en sí mismo y se vuelve en un medio para un gigantesco mecanismo económico impersonal. Lamentablemente no podemos decir exactamente lo mismo que Fromm bajo el hiperimperialismo por dos razones: el fenómeno de la extinción del trabajo, que de coyuntural se ha tornado estructural, y las nuevas tecnologías, las cuales hacen que el hombre no sólo deje de ser un fin en sí mismo, sino que incluso haya dejado de ser un medio para el gigantesco mecanismo impersonal que lo enajena. Esto es, que bajo el hiperimperialismo el hombre sufre una más profunda enajenación de sí mismo al verse prescindible de un sistema que otrora lo necesitó. El resultado es una enajenación donde la persona ya ni siquiera se siente como cosa ni mercancía, el sentido de su propio valor ya no depende del mercado que lo excluye, sino de las fantasías de un mundo virtual y cibernético que se constituye en la nueva autoridad anónima que diluye su identidad y convicciones personales. El capitalismo del siglo XXI lejos de satisfacer las demandas sociales y normativas de los reformadores del siglo XIX y de extender el capitalismo de bienestar del siglo XX, lo que ha hecho es satisfacer las demandas lúdicas de seres gobernados por la autoridad anónima del conformismo y el triunfo de la inteligencia rutinaria del hombre enajenado. La verdad es que el hiperimperialismo extrema al máximo los mecanismos de adaptación social. Así, nos encaminamos hacia una anomia mundial. Se trata de un ataque profundo contra la democracia y la economía de bienestar y el naufragio de los sueños de un capitalismo popular. Las decisiones de las multinacionales están llevando a la civilización humana a sus máximas contradicciones.


Lejos de vivir en un mundo en que, tras la caída del comunismo y de las ideologías, el protagonismo lo tenga el choque civilizatorio (S. Huntington), al contrario la globalización del hiperimperialismo aproxima a las civilizaciones en vez de distanciarlas, las permeabiliza, homogeniza y avecina. Sin embargo, vuelve el antiguo tema spengleriano sobre la decadencia de Occidente. Al respecto se puede reflexionar sobre la corrupción de las tres columnas principales de la civilización occidental: la cáritas cristiana, el derecho romano y el racionalismo griego. Hoy sobreviene y se expande globalmente la racionalidad técnico-científica y es la principal fuerza motriz del desarrollo histórico-económico. A las sibaritas élites del megacorporativismo privado les resulta indiferente el cristianismo como el taoísmo, confucionismo, budismo, islamismo o bhramanismo, su único lenguaje es el de las superganancias sin barrera civilizacional alguna. O en otros términos, no es Occidente lo que muere, sino, lo que muere es el Occidente humanista y cristiano y lo que está en auge es el Occidente secular, pragmático y nihilista que se globaliza.


Por otra parte, nuestro Tercer Estado Global monopoliza la pobreza y ostenta una miseria científico-tecnológica espantosa. Una comparación somera del desarrollo tecnológico señala que los países pobres sólo concentran el 10 por ciento de ingenieros y científicos, el 3 por ciento en computadoras y una inversión de 3 billones de dólares en investigación científica, frente a los países desarrollados con 90 por ciento de científicos, el 97 por ciento de computadoras y una inversión de 220 billones de dólares. Sin embargo, la tragedia de la inversión científico-tecnológica es que viene siendo manipulada por intereses comerciales. La dependencia de los científicos respecto de la industria facilita que los megaconsorcios impongan su voluntad a través de una camarilla de políticos. Es lo que viene ocurriendo con los alimentos transgénicos como la soya, que causa envenenamiento e intoxicación. Asimismo, la tragedia de las universidades del Tercer Mundo es que no invierten en investigación, son imitativas y someten al docente a un ritmo proletarizador. Reducen o conculcan horas de investigación y en vez de convertirse en productores de cultura se vuelven meros instructores. Parafraseando el “todo vale” posmoderno, entre los tercermundistas: “nada vale”. Los talentos nacionales deben primero ser reconocidos en el exterior, para recién reconocerlos. Esta inseguridad y subestimación de la psicología colectiva se disimula sobreestimando el valor de lo académico, obedece a razones históricas y a factores como una vil inversión pública y privada en investigación, la indiferencia de estudios en ciencias fundamentales, humanísticas y una excesiva protección internacional de la propiedad intelectual.



La cultura posmoderna


La cultura posmoderna es una reacción cultural unilateral frente a las unilateralidades de la Modernidad. Lo posmoderno se caracteriza por un humanismo sin tragedia, el fin de la idea de progreso, el final de la historia, el éxito del hedonismo y el nihilismo, la eliminación de los imperativos categóricos, el imperio de la débil, lo light, el triunfo del individuo indiferente y lo irracional. La saga posmoderna tiene su antecedente en Nietzsche, el cual proclama el comienzo de la época del nihilismo y la desvalorización de los valores supremos. Pero fue Georg Gadamer el que sentó las bases de la hermenéutica posmoderna, que afirmó que no es un método para hallar la verdad objetiva, sino que la manera de decir las cosas es más importante que la posesión de las verdades. Sin embargo, también Dewey, Wittgenstein y Heidegger contribuyeron con el pensamiento posmoderno rechazando la epistemología y la metafísica como disciplinas posibles. Por su parte, Sellars, Davidson y Feyerabend dan pasos en el mismo sentido, porque dejan que cada ser humano se construya su propio mundo o paradigma, su propia práctica o juego lingüístico. Se abre paso paulatinamente un anarquismo epistemológico cuya única regla es “todo vale”. Las fronteras entre epistemología y hermenéutica dejan de estar delimitadas por el conocimiento objetivo, para que en su lugar se instauren las normas de investigación. A partir de aquí, ya solamente existe un pequeño paso para declarar las exequias del sistema de la ratio, con todas las verdades absolutas, y proclamar un amanecer posmetafísico planetario. Leyendo a los posmodernos (Lyotard, Lypovetski, Baudrillard, Vattimo, etc), que asocian la verdad objetiva con la violencia, se tiene la impresión de que la modernidad ha sido tan sólo una historia de genocidio, intolerancia, holocaustos y ejecuciones.


No sería aventurado afirmar que la filosofía posmoderna remonta sus presupuestos últimos a lo más característico de la filosofía moderna, a saber, el Empirismo. En la filosofía hermenéutica posmoderna al igual que en el Empirismo no hay metafísica, no hay trascendencia, sobretodo no hay ideas inmutables y eternas. Todo queda relativizado en función de espacio, de tiempo, de lo humano, a veces demasiado humano. Como en el nominalismo el sentido interpretativo adquiere hegemonía sobre lo universal, inteligible, ideal, el individuo sobre lo universal, el tiempo sobre la eternidad, el querer sobre el deber, la parte sobre el todo, el poder sobre el derecho. La filosofía hermenéutica posmoderna rechaza de este modo un lado de la modernidad, esto es, la filosofía racionalista, obviamente no en su valoración de lo temporal e histórico sino en su admisión de los objetos eternos y de Dios como principio metafísico; pero representa el pináculo y el apogeo de un modo de pensar antiplatónico que se entronca con el otro lado de la modernidad, la filosofía empirista, para la cual la experiencia sensible lo es todo, ella y sólo ella decide lo que es verdad.

Naturalmente que la exageración de las tesis empiristas por la hermenéutica posmoderna afecta a la propia comprensión de la experiencia, la lleva a la liquidación inclusive de toda verdad y la eliminación del sujeto culpándolo del discurso del poder. Al debilitar el principio de realidad y convertir los contenidos en meras imágenes, donde lo virtual produce lo real (Baudrillard), deriva hacia una ontología del crepúsculo donde “todo vale” (Vattimo) y produce la disolución de la estabilidad del ser en el instantaneísmo del evento. La experiencia de los posmodernos ha sido despojada de todo substancialismo material para quedarse sólo con el subjetivo dato interpretativo en el impresionismo ontológico radical del puro devenir. Su punto de partida es falso, porque si la realidad es tan sólo un fluir, en el que todo momento es singular e irrepetible, sin que se dé en absoluto nada uniforme, entonces será imposible comprenderla, a no ser que la realidad contenga algo permanente por encima del puro devenir. A la filosofía posmoderna es mejor apellidarla como neosofística, pues se trata de un nihilismo que emerge del nominalismo y del empirismo y que naufraga en un infecundo juego de palabras sin substancia.


Justamente por esto lo más preocupante concierne a la configuración antropológica de la cultura posmoderna. El hombre posmoderno e Hiperimperialismo son dos fenómenos asociados íntimamente. El hombre posmoderno es un tecnólatra-cientista sin utopía social, telepolitas domésticos, cibernautas conectados con prótesis tecnológicas dentro de un espacio egocentrado que liquida la autoconciencia humana. Devorado por la sociedad del espectáculo el hombre posmoderno es de conversación ágil, pero de espantosa escritura y una nulidad en lectura. Francis Bacon decía que:”La lectura hace al hombre completo”. Pues bien, el hombre posmoderno en un carpe diem estetizante, cínico y ramplón no lee más que e mails y chateos escritos en una jerigonza primitiva y cavernaria. El posmoderno necesita como corolario al pensamiento débil, cuya adquisición no requiere gran esfuerzo -a diferencia de la razón- y así hace frente con el talante de la indiferencia y de la lógica amoral a las miserias de la sociedad hiperimperialista.


El hombre de la modernidad todavía conserva los ideales de Verdad, Justicia y Razón; pero el hombre anético de la posmodernidad o modernidad tardía tiene todo ello por metarrelatos, no oscila, se queda como una cuasi-cosa en la simple individualidad psicofísica. Es por excelencia el hombre sin Absoluto, sin la dirección del espíritu se despersonaliza en un ímpetu demoníaco que orilla a la humanidad en la demencia subjetivizadora. La barbarie posmoderna sostiene que el propósito del hombre no es trascender espiritualmente hacia valores absolutos, sino vivir en función del placer, el éxito material y el dinero. La vida muelle y sibarita, el sexo y el dinero, la erotomanía, la ludopatía y la existencia etílica son su divisa. Todo vale para las masas sin metas heroicas ni ideales, exhibiendo orondos y lirondos el fracaso de su Yo interno sin saber que la verdadera felicidad se encuentra en la solidaridad y comunión con el prójimo. Se vive en una especie de presente perpetuo, los deseos sustituyen a las esperanzas futuras, la experiencia se deshistoriza en una vivencia del instantaneísmo temporal que produce una catástrofe de la memoria y el vacío de la historia. La temporalidad instantánea de reducción a la nada anula la certidumbre de los hechos, “no hay hechos sino interpretaciones” (Vattimo). En este amanecer posmetafísico planetario se produce el eclipse de toda profundidad junto a la liquidación total de toda Verdad objetiva, periclita el reformismo moderno la autoconciencia humana degenera en la instauración del mundo neutro moralmente. El espectáculo aburrido de una sociedad del presente discontinuo prolifera con los superficiales yuppies hedonistas y la sociedad de neón. El posmoderno se resuelve en una explosión hedonística de complacencia, comodidad y goce material. Sujetos mediumnizados entre la estupefacción mediática viven, pues, de puro usufructúo. Si existe algún compromiso, es con su puntual especialización profesional pero desvinculada de toda solidaridad social.

Un Carpe Diem estetizante, cínico y ramplón preside el Apocalipsis del espacio egocentrado, donde masas babélicas indiferenciadas liquidan el principio de realidad o la realidad contextual a favor de la realidad discursiva o textual. La reivindicación de la libertad y espontaneidad, capilaramente extendida desde los adolescentes que experimentan el sexo sin preocupaciones anticonceptivas, o los jóvenes gerentes llamados yuppies, fríos, maniqueos y pragmáticos, hasta los magnates y dueños de las monstruosas megacorporaciones, que nadan desde sus campanas de cristal en poder, éxito, sexo y dinero, reivindican la libertad sin los límites morales que impone la razón práctica, y este esquema se convierte en el nuevo credo disolvente de la espontaneidad humana. “La Libertad sin Justicia” del espectáculo posmoderno capitalista ha tomado el lugar de “la Justicia sin Libertad” del modernismo comunista.


¿Pero qué es la posmodernidad considerada humanamente? No es una actitud eminentemente intelectual dirigida a las minorías, sino que es un postura primordialmente vital, que manifiesta una decidida tendencia a lo cismundano, privilegiando una visión del mundo presentista, en donde todo está en acto. Sin fe en poder entrar en la vida perfecta transmundana, cree hacerla en la cismundana, contentándose con vivir la suya sin perturbadoras ideas metafísicas. La idea del alma está muy de sobra en este esquema mental posmoderno. Y tenía que ser así, por cuanto tener alma es tener memoria y en consecuencia es tener historia; pero la historia es tiempo y el posmoderno en tanto que suprime la nostalgia y la esperanza también lo hace con el pasado y el futuro. Posmodernidad equivale a disolución de la conciencia normativa.


Como Marx, Freud y Nietzsche, llamados por P. Ricouer los “filósofos de la sospecha”, los posmodernos se adhieren a la crítica del amor universal con el argumento que el amor a lo próximo tiene más valor que el amor a lo lejano. Aquí el término amor resulta sinónimo con la unidad de los seres humanos, sin relacionarse a la unidad cósmica del concepto romántico. Se trata del mismo amor profano de Sartre como proyecto de realizar la unión del yo con el otro, pero con el contraste de servirse del medio dialógico y el respeto de las diferencias. Levinas en una defensa cerrada de la subjetividad y una crítica frontal a la totalidad sostiene que lo infinito se produce en una relación del yo con el otro y Dios es ese Otro que excede al pensamiento. En cambio, el amor despojado del carácter de infinitud se da en R. Barthes quien se dirige hacia la subjetividad presunta, Rorty niega la autoconciencia con un pragmatismo irónico y Vattimo seculariza la razón metafísica arrancando a la subjetividad humana de cualquier relación con el Otro radical que es Dios. Lo que profundiza la alienación de las relaciones existenciales.


Habiendo desarraigado de su alma el sentido de lo divino, deja de experimentarse como criatura, como Hijo del Padre, haciendo innecesario recuperar la esperanza por un Paraíso Perdido. Y al dejar de preocuparse en ser igual a los dioses, no se desgañita ni desvela por la nostalgia de la Edad de Oro. En su lugar, deposita su confianza en las maravillas de la revolución tecnológica, que le traen bienestar y comodidad. Confianza, en vez de esperanza y nostalgia, es lo que encierra su solipsismo vital. Una confianza distinta a la sentida en la época moderna, pues ésta no estaba carente de voluntad de emancipación política ni del sentido del progreso; por ello se trata ahora de una confianza en lo inmediatamente útil, aplicativo y rendidor, en una inmanencia virtual y especulativa sin antagonismos. La conciencia normativa se ha desmoronado.


De modo que, en medio del horizonte retórico de la Verdad la misión del EDUCADOR en la era anética de la posmodernidad globalizada es devolverle al hombre no sólo lo humano, pues el hombre está llamado a algo mejor que una vida puramente humana. Hay oponerse al ficcionalismo escéptico de la realidad y de los valores, refundamentarla metafísicamente y en el sentido antropológico del hombre como criatura, lo cual permite recuperar el diálogo con lo Absoluto, y cuya pérdida es causa primordial del desvarío subjetivizante de la cultura occidental.



La tragedia posmoderna y global de la educación


La prueba de cada civilización humana está en la especie de hombres y mujeres que en ella se produce. Pues bien, ¿qué tipo de hombres, mujeres y niños está produciendo la globalización y la posmodernidad en la civilización actual, cuando el capitalismo global pragmático y hedonista ha significado el aumento brutal de la frivolidad, la miseria y exclusión social? Verdaderamente, el hombre no se agota en la realización de los valores específicamente biológicos y más bien es un “ser vital capaz de espíritu”. De este modo, los fines del hombre como ser vital tiene que servir, en último término, al saber culto. Pero ahora el eje cultural de la globalización posmoderna no es ya la idea humanística del saber culto sino la idea postmoderna del saber divertido. ¡Esto es la agonía de Fausto!, el personaje goethiano que simboliza al hombre que conquista el mundo, pero que se pierde a sí mismo. La civilización moderna se consagró febrilmente a la investigación científica, la innovación tecnológica, el desarrollo económico, a mejorar las estructuras sociales y el Estado, pero olvidó lo fundamental: cómo transformar y revitalizar el ser humano. En este marco es legítimo preguntarnos ¿Cuál es el Telos EDUCATIVO de la globalización?


En el proceso de la actual globalización se pretende homogeneizar y eliminar las diferencias culturales, suprimiendo las identidades en aras de la ganancia. Es el Telos cultural de la globalización. Y esta reestructuración en vistas solamente del mercado ha generado un tipo de hombre presa de sus deseos más elementales, que se construye una moral a la carta, relativa y nihilista y que termina constituyendo el “hombre anético”. En el mundo globalizado, el nihilismo y el relativismo moral testifican, con toda honradez, que la vida carece de sentido, proclaman la era del vacío y la entronización de la sociedad de la transparencia, sin densidad espiritual. La supremacía de estos valores configura una atrofia en la conformación psíquica del hombre y representa un ideal cultural sin contrapeso espiritual.


La civilización tecnológica por sí misma es incapaz de fundamentar una región independiente de valores, necesita como contrapeso una cultura espiritual intensificada. De lo contrario, mutila al hombre de su vida interior, dejándolo inerme en medio de una sociedad de la sensación, de una sociedad transaccional sin valores, que reemplaza su capacidad creadora por su capacidad consumista de los medios tecnotrónicos a su alcance. El hombre anético es el hijo legítimo del predominio de la civilización tecnológica, de la cultura técnica sobre la cultura humanística. Por ello, la filosofía de la educación tiene ante sí la grave cuestión del Saber, que no es un problema puramente técnico y está en el corazón mismo de una reforma del hombre. La preocupación por la formación de una jerarquía de los saberes, abordada con profundidad por M. Scheler y J. Maritain, y de los grados del saber destinado a proporcionar un firme cimiento al orden intelectual es urgente para sustituir al desorden moderno. La distinción y complementación entre ciencia y sabiduría es necesaria para mostrar la unión indisoluble entre “filosofía teórica” y “filosofía práctica” y para devolver la unidad al espíritu humano.


La crisis del hombre en la globalización va más allá de lo económico-político, hunde sus raíces en lo ético-moral. Pero la crisis moral encuentra su fundamento en una visión metafísica determinada. El actual neodogmatismo cientificista ultraliberal se basa justamente en la edificación de una sociedad transaccional sin valores superiores. Por ello, el hombre anético no es un hombre que carece de intersubjetividad sino que está dotado de una intersubjetividad débil, estrecha, marchita. Sí es un hombre moral pero no es un hombre ético, pues la moral puede ser relativa pero lo ético es universal. La cultura posmoderna es fundamentalmente la radicalización decadente del inmanentismo de la modernidad y el desarrollo consecuente del humanismo luciferino. Este relativismo moral de la cultura horizontal sin trascendencia imperante en la globalización ultraliberal, carece de la fuerza interior para resistir los embates de los propios males que engendra, haciendo que la propia sociedad transaccional sin valores encuentre difícil la entronización pacífica de la cultura del vacío.


Plantear un humanismo de síntesis que recupere la eterna vocación trascendente del hombre, no significa desplazar nuestra responsabilidad personal sobre los hombros de Dios o de la Naturaleza. Es necesario volver a los valores permanentes, pues el éxito material, el placer y el dinero no vuelven más humano ni digno al hombre. Al contrario, el hombre anético que pulula en nuestro tiempo, lleva desconsoladoramente una moral doble, hipócrita y de tartufo. Es indudable que es urgente para recuperar una espiritualidad de motivación interna, autocontrol, autodisciplina y autorrealización una revolución humana, la transformación interior del individuo, un nuevo humanismo, basado en un personalismo comunitario y en un ethos con sentido de interdependencia del hombre con el cosmos. Sin embargo, no basta con reclamar una ética Global la para la política y la economía global (H. Küng), si antes no se advierte con claridad el fundamento ontológico metafísico de la civilización en la que nos hallamos inmersos.


La encrucijada actual exige un Neohumanismo de Síntesis, sin común medida con el humanismo burgués ni con el humanismo socialista, que respete efectivamente la dignidad humana, complemente el desarrollo vertiginoso de la racionalidad de fines, y así devuelva al hombre el olvidado lenguaje del Amor, el Ser, la Naturaleza, la Trascendencia, el Misterio y afirme la importancia vital de lo religioso, que tiene el poder de unificar, más que de las religiones específicas en sí, que incurren en dogmatismos. Un neohumanismo que reconozca como legítimas dimensiones del hombre tanto lo inmanente como lo trascendente, encuentra su inspiración en la síntesis del tomismo que integra la dimensión trascendente con la inmanente, destaca la conexión íntima de la metafísica con la experiencia, la acentuación de la actualidad del ser que se manifiesta en la existencia, la ética objetiva de los fines, el personalismo, el realismo gnoseológico, la unión de la filosofía con la teología y la reflexión filosófica basada en la experiencia común. El tomismo es un sistema filosófico vivo cuya síntesis llegó demasiado tarde para evitar la catástrofe de la Edad Media, la cual engendró una civilización profana y dio paso al humanismo moderno. El culto que el hombre se ha rendido a sí mismo ha impedido que tome conciencia de lo eterno y que pueda expresar el espectro completo de su potencial ético, promoviendo el achatamiento de nuestro universo moral. Es posible devolver al hombre su realidad integral con un nuevo humanismo que no se anquilose ni en lo inmanente, ni en lo trascendente, sino que advierta la necesidad de fundarse en una nueva síntesis metafísica de la cultura.


La crisis de la cultura globalizada y posmoderna hace necesario superar el materialismo y el vitalismo fáustico del hombre moderno por la idea pascaliana de Dios como amor y caridad, y unir naturaleza y espíritu en la idea agustiniana de la plenitud existencial (V. A. Belaunde), que lejos de volcarse en la Nada, percibe el ser divino que los trasciende. Es necesario volver a los valores permanentes, pues el éxito material, el placer y el dinero no vuelven más humano ni digno al hombre. La acción humana en el espacio y en el tiempo está siempre de camino a la eternidad (Blondel). La cultura moderna con su recorte de la realidad humana ha comprometido gravemente la importancia que tiene la madurez personal, todo se ha vuelto frívolo y superficial, y la regla es desconocer el valor formativo de la pobreza y del sufrimiento. Pero a medida que disminuye la necesidad de mano de obra y aumenta el peligro de la extinción del empleo por los progresos de la ciencia y de la técnica (V. Forrester), la llamada economía de la abundancia pierde sentido y se impone la necesidad de un salario ciudadano y la distribución de lo suficiente entre todos, el lujo se hará difícil y la pobreza relativa indispensable. Se trata de un cambio civilizacional inimaginable dentro de los marcos del capitalismo.


Epílogo

La tiranía de una nueva barbarie civilizada hace que la persona se sienta extraña a sí misma, porque el sentido de su propio valor ya no depende de sí mismo sino del mercado. Es una patología cultural acompañada de una neosofística filosófica que sustituyó el lema de “la muerte de Dios” por el lema de “la muerte del hombre”, el relativismo moral y la ontología débil. El problema de la Educación es el problema de la Cultura, porque la creciente industrialización del mundo contemporáneo hace inevitable la especialización y vuelve en innecesario el ideal de la formación humana completa. Este desequilibrio monstruoso ha demostrado ser gravísimo para la personalidad humana. Si bien la palabra cultura puede designar a la civilización más evolucionada, como las formas de vida social más toscas y primitivas, sin embargo en ninguna parte las gentes han sido más infelices que en las culturas actuales. La cura puede hallarse en no sustraer lo humanístico trascendente de la especialización misma.


Y entonces ¿qué debemos hacer? En política, preconizar un gobierno democrático mundial que garantice el valor supranacional de los DD.HH. En economía, ir hacia una conciliación práctica entre la iniciativa privada y la justicia social. En lo espiritual, colocar la superestructura secular sobre fundamentos metafísicos religiosos. Y en educación, ampliar el espacio a lo lúdico y creativo junto a lo instructivo. Estas son las cuatro cosas que debemos hacer para salvarnos. El capitalismo global y la cultura posmoderna nos ponen ante la disyuntiva del robotismo o la rehumanización del hombre. No hay otro camino que devolver al hombre su dimensión trascendente, poner las cosas al servicio del hombre y no al hombre al servicio de la economía, sólo así se podrá reestablecer el lugar del hombre en plena comunión con el prójimo.


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Tomás de Aquino, Selección de obras. (1961) Centro editor de América Latina, Buenos Aires.
Vignaux, P. (1970) El pensamiento de la Edad Media, FCE, México.
Wittgenstein, L. (1981) Tractatus, Alianza, Madrid.
Wittgenstein, L. (1968) Los cuadernos azul y marrón, Tecnos.


2. Sobre Hermenéutica y posmodernidad
Baudrillard, J. (1993) Cultura y simulacro, Kairós, Barcelona.
Berman, Anderson y otros (1991) El debate modernidad posmodernidad, B. Aires, Punto Sur.
Flores Q., G. (2004) El imperio posmoderno del hombre anético, Lima, IIPCIAL.
Flores Q., G. (2007) La hermenéutica posmoderna del hombre sin absolutos, Lima, IIPCIAL.
González C., L. (1993) Ideas y creencias del hombre actual, Santander, Sal Terrae.
Lypovetski, G. (1988) La era del vacío, Barcelona, Anagrama.
Lyotard, F. (1983) La condición posmoderna, Planeta, B. Aires.
Luhmann, N. (1997) Observaciones sobre la posmodernidad, Barcelona, Paidós.
Mardones, J. M. (1988) Posmodernidad y cristianismo, Santander, Sal Terrae.
Rujana, M. (2003) Nietzsche en el horizonte hermenéutico, Bogotá, Siglo del Hombre editores.
Rorty, R. (1991) Contingencia, ironía y solidaridad, Barcelona, Paidos.
Vattimo, G. (2003) Nihilismo y emancipación, Paidós.
Vattimo, G. (1996) Creer que se cree, Paidós, Barcelona.
Vattimo, G. (1990) Ética de la interpretación, Paidós, Barcelona.


3. Sobre Globalización y el hiperimperialismo
Beck, U. (2000) ¿Qué es la globalización?, Barcelona, Paidós.
Chomsky, (2001) Estados Canallas, Paidós, España
Flores Q., G (2006) La globalización del Hiperimperialismo, Lima, IIPCIAL:
Furtado, C. (2001) El capitalismo Global, México, FCE,
Huntington, S. (1997) El choque de civilizaciones, Barcelona, Paidós.
Küng, H. (1997) Una ética mundial para la economía y la política, México, FCE.
Martin, H; Schumann H. (1998) La trampa de la globalización, Madrid, Taurus.
Merquior, J. (1993) El liberalismo viejo y nuevo, México, FCE.
Negri, A. y Hardt, M. (2000) Imperio, Barcelona, Paidós.
Samir Amin (1997) El capitalismo en la era de la globalización, Barcelona, Paidós.
Soros, G. (1999) La crisis del capitalismo global, Plaza Janés, Barcelona.


4. Sobre Educación
Ausjal (1996) Desafíos de América Latina y propuesta educativa, Caracas, UCAB.
Esté, A. (1999) El aula punitiva, Caracas, UCAB.
Pérez, C. (2000) La reforma educativa ante el cambio de paradigma, Caracas, UCAB.
Valderrama y otros (2003) Comunicación-Educación. Bogotá, Siglo del Hombre editores.
Zuluaga, O.L. (2003) Pedagogía e historia, Bogotá, Siglo del Hombre editores.

EL SIMCE...


¿Cuánto vale el Simce?


Junio 03, 2010, publicado en La Tercera. Por Mario Waissbluth


Denominamos "festival anual del termómetro" al rito anual del Simce, PSU, Inicia, evaluación docente, o las vergüenzas internacionales que pasamos con el test de Pisa y el Timss. Algunos días de desgarro de vestiduras, todos escribimos columnas como esta, y a otra cosa mariposa. Por favor. Ya sabemos que el enfermo tiene neumonía. No necesitamos más termómetros, queremos antibióticos.

Por cierto, ningún médico que tenga un paciente con neumonía aguda le va a retirar el termómetro. Les va a informar a sus parientes la fiebre. Pero eso no lo va a curar. Informar a los padres de los resultados del Simce puede ser útil, pero es marginal: suponer que éstos van a tomar "buenas decisiones de mercado educativo" y que con eso va a mejorar la educación, es tan cosmético como suponer que el "gran ascensor de movilidad social de Chile" es seleccionar al mejor 1% de los estudiantes de una región y ponerlos en un liceo de excelencia. Marginal.

Como el termómetro, el Simce tiene un mérito. Si la temperatura es de 40° C, hay certeza de que el paciente está enfermo. Si el Simce es menor a 250 puntos, hay certeza de que los estudiantes no pueden usar el lenguaje para estudiar otras materias o entender un instructivo laboral. Si marca 200 puntos, analfabetismo funcional. Pero 37 ° C no garantiza salud, y Simce de 300 no garantiza que el alumno tenga el rigor de hacer las cosas bien, o actitudes adecuadas respecto de sus compañeros, sus profesores ni la sociedad.


Mientras no tengamos una política de formación y remuneración de los mejores docentes, mientras los sostenedores y las escuelas no tengan la capacidad interna adecuada y la flexibilidad para gastar bien una mejorada subvención preferencial y, sobre todo, mientras no tengamos directivos de excelencia que ejerzan un liderazgo constructivo sobre los alumnos, la comunidad, los apoderados y profesores, esto no va a funcionar.


Mientras no construyamos una épica nacional, mientras no declaremos como meta Bicentenario que todo alumno de 4º básico entienda lo que lee, mientras no logremos que las escuelas, en lugar de competir, colaboren, y que la escuela más fuerte ayude a la más débil en lugar de facilitar su destrucción, que el gremio de los profesores llegue a una alianza estratégica con el gobierno para mejorar la calidad, como ocurre hoy en Canadá o con el combativo gremio de Nueva York, los termómetros, por mucho que los multipliquemos y difundamos, seguirán dándonos malas noticias. En Finlandia, con los mejores resultados del mundo, no hay termómetros, porque no los necesitan. Son rigurosos y se creen el cuento.


LA EDUCACIÓN CHILENA...



CURRICULUM ACTUAL EN LA EDUCACION CHILENA



Realizado por: María Angélica Morales Gómez


1. INTRODUCCION


En la realidad operan cinco currículos simultáneos, pero en este trabajo sólo se plantearan dos:
• Currículo Oficial: Es el Currículo descrito en los documentos formales, vigente por el MINEDUC.
• Currículo Operativo: Es el Currículo que materializa las enseñanza y aprendizajes reales. Con lo que realmente trabaja el docente.


Las intencionalidades de la educación, en términos de los resultados que se pretende alcanzar en cuanto a la formación del ciudadano y del tipo de sociedad, se concretan mediante el currículum qué actúa y como proceso operativo, en el que entran un conjunto de elementos( actores sociales, objetivos, recursos), interactúan para alcanzar las intenciones educativas.


Esto implica que el currículum tiene como fin plasmar una determinada concepción educativa en términos de lo individual, lo social y lo cultural. Así mediante la planificación y ejecución del currículum se fortalece el logro del tipo de hombre y de sociedad que el grupo demanda del sistema educativo. Existen muchas concepciones de educación pero lo importante es que haya congruencia entre el enfoque que se plantea de la educación y el del currículum. De acuerdo a lo expuesto, la educación debe visualizarse en su triple proceso que implica: el desarrollo de la persona, la interrelación con el grupo social e incorporación de la cultura.


2. LOS OBJETIVOS DEL AJUSTE CURRICULAR


Para los sectores de aprendizaje son:


• Mejorar la redacción de los Objetivos Fundamentales y Contenidos Mínimos Obligatorios (OF-CMO), para precisar su extensión y mejorar su claridad.
• Mejorar la secuencia curricular y la articulación entre ciclos.
• Visualizar la presencia de las habilidades en los Contenidos Mínimos Obligatorios.
• Reducir la extensión del currículum (especialmente en Ciencias sociales y Ciencias naturales).
• Fortalecer la presencia transversal de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs), en educación básica y media.
• Incorporación de las modificaciones establecidas por el ajuste curricular y de las orientaciones que se desprenden de los Mapas de progreso del aprendizaje.
• Evaluación permanente y explícita: se incorpora con fuerza un concepto de evaluación que incluye diagnóstico, proceso y final, en la que el estudiante es el protagonista y regulador de su propio aprendizaje.
• Innovación en el diseño: mayor espacio para infografías, escritura y lectura de la imagen. Permite la lectura integrada de textos continuos y discontinuos.
• Incorporación de las TIC con recursos tecnológicos para el profesor.


3. DESARROLLO DEL TEMA


El currículum incorpora los conocimientos de las distintas disciplinas que son fundamentales para comprender la realidad, las habilidades cognitivas y procedimientos que posibilitan integrar y movilizar recursos, y las actitudes personales y éticas que orientan una acción responsable consigo mismo y los demás. Además, asumiendo que las competencias se desarrollan en la práctica y que lo relevante es que los alumnos logren aprendizajes que puedan transferir a contextos reales, el curriculum prioriza la comprensión profunda, el aprendizaje activo, las relaciones entre saberes y la movilización integrada de conocimientos, habilidades y actitudes, en diversos contextos, preferentemente auténticos o reales.


En el caso de las modalidades artística y técnico profesional las competencias a desarrollar se expresan en los objetivos fundamentales terminales de cada mención o especialidad


El actual curriculum de la educación chilena se trata de un ajuste que mantiene el enfoque del currículum vigente, orientado al desarrollo de competencias para la vida personal y social de cada estudiante (UCE, 2009)


El Ministerio de Educación reformula nuevas bases curriculares para la enseñanza básica y media, dando por terminada la Reforma y dando inicio a una nueva etapa denominada “Ajuste Curricular” promovido desde la Unidad de Curriculum y Evaluación (UCE) del MINEDUC. El cual cuenta con un sistema de instrumentos curriculares y evaluativos a través de los cuales define y promueve el desarrollo de los aprendizajes que deben ser logrados por los estudiantes durante su experiencia escolar. Dichos instrumentos son: marco curricular, programas de estudio, y mapas de progreso, en tanto la evaluación es realizada a través del SIMCE. En particular, los tres instrumentos curriculares tienen objetivos específicos claramente diferenciados:


1.-El Marco Curricular, define Objetivos Fundamentales y Contenidos Mínimos (OF/CM) que deben alcanzarse en cada asignatura en cada grado.


2.-Los Programas de Estudio proponen una planificación de la enseñanza para cada asignatura y grado (coherente con los OF/CM). Son el instrumento que usan los profesores para planificar las actividades de enseñanza durante el año. El Ministerio propone unos, pero los sostenedores pueden desarrollar sus propios programas.


3.-SIMCE, por su parte, es un sistema nacional de evaluación estandarizada que mide los niveles de logro de los estudiantes en los aprendizajes esperados en los sectores curriculares principal (Lenguaje y Comunicación, Matemáticas y Ciencias Naturales y Sociales). Se aplica anualmente a niños de 4° básico y 8° básico o 2° medio (alternadamente).


El primer elemento en estudio fue el currículum, a través de estos instrumentos, define los aprendizajes que deben ser logrados por los estudiantes específicamente en cada sector. Junto a lo anterior, especifica los aprendizajes que deben ser abordados transversalmente y que no están vinculados a ningún sector en particular (denominados Objetivos Fundamentales Transversales; Ej.: respeto de las ideas y creencias distintas de las propias, reconocimiento del diálogo como fuente permanente de humanización, de superación de diferencias y de aproximación a la verdad etc...


Un segundo elemento de complejidad es que en el mismo año 2009 se sustituye la LOCE por la Ley General de Educación que introduce una serie de cambios en la estructura educacional chilena, en donde se debe tener presente que al igual que la LOCE en su artículo 31 estipula:


Artículo 31.- Corresponderá al Presidente de la República, mediante decreto supremo dictado a través del Ministerio de Educación, previa aprobación del Consejo Nacional de Educación, establecer las bases curriculares para la educación parvulario, básica y media. Éstas definirán, por ciclos o años, respectivamente, los objetivos de aprendizaje que permitan el logro de los objetivos generales para cada uno de los niveles establecidos en esta ley.


Las bases curriculares aprobadas deberán publicarse íntegramente en el Diario Oficial. Lo novedoso es que se habla de “objetivos de aprendizaje”, ¿cambio de nomenclatura?


Si se lee con atención los párrafos precedentes, se puede observar que entre la promulgación de la LOCE y las bases curriculares (D.220) transcurrieron ocho años. No es posible estimar cuando el actual gobierno liberará las bases curriculares alineadas con la LGE, ya que es evidente que toda ley de educación implica sus propias bases curriculares.


Un tercer y último elemento ocurre como consecuencia del oficio 302 del 14 de abril de 2010, donde por causas del terremoto se posterga la aplicación de los programas en primero medio provenientes del D. 254.


Ahora analizaremos los componentes constitutivos del marco curricular chileno comparando ambas bases curriculares: