14.1.10





¿Cómo pasar de la educación del Siglo XIX a la del Siglo XXI?

Competencias básicas


Mireia Uranga nos envía algunas reflexiones al respecto.

“Escuché en una charla que si una persona del s.XIX visitara nuestro mundo, le costaría poco reconocer un aula de secundaria. Supongo que se refería a la organización espacial y al rol y el tipo de actividad del profesorado, porque la verdad es que el alumnado sí ha cambiado.

En este compartir, quiero insistir en la importancia extraordinaria de la escuela, del profesorado y de las familias en la relación que las personas establecemos con nosotros mismos, con los demás y con el entorno social y natural. Esta relación va mucho más allá de lo que aprendemos académicamente y tiene que ver con una forma de estar en el mundo en la que todos los agentes educativos, para bien y para mal, jugamos un papel esencial. Que cada cual repase su propia biografía.

Rara vez las grandes instituciones en sus manifiestos y recomendaciones nos sorprenden con ideas estimulantes, pero lo que ha señalado UNESCO como objetivos de la educación del s.XXI me ha hecho parar y pensar: “¡Vaya! Esto es interesante.”:

-Aprender a ser, aprender a convivir, aprender a hacer, aprender a aprender.

Le oí a Montserrat Moreno que la educación actual es heredera de los filósofos griegos que adoraban el ejercicio mental, la especulación y la gramática y despreciaban el trabajo corporal y el trabajo manual que realizaban clases inferiores como artesanos y esclavos.

Quizá si las mujeres hubieran participado más en la vida intelectual y pública la herencia habría sido distinta pero estamos donde estamos y después de más de veinte siglos la UNESCO parece despertar y empieza a sugerir que quizá podemos utilizar con más sentido todo el tiempo, la energía, el talento y el dinero que invertimos en el sistema educativo.

Además nos urgen los cambios, pues muchos de los chicos y chicas actuales son lo suficientemente despiertos y libres para cuestionar lo que la escuela les propone y para rebelarse ante la obligación de pasar sus tiernos días sintiendo que bastante de lo que hacen no les interesa ni les sirve,
a menudo les aburre y a algunos les atormenta.

No tengo las respuestas que nos permitan salir fácilmente de esta situación pero me reconfortó mucho escuchar que en la aventura del aprendizaje son más importantes y productivas las preguntas que las respuestas.

Una pregunta que permanece abierta te hace recorrer muchos caminos. La respuesta inmediata asfixia el proceso de descubrimiento. Así pues, ahí van algunas preguntas.

¿Dónde estamos respecto a lo que la UNESCO propone? Algunas reflexiones.

Aprender a ser

El proceso educativo debería servir para que la persona se desarrolle en todas sus capacidades, para que se sienta bien dentro de su piel, conociendo sus fortalezas, aceptando y usando como reto sus debilidades.

Aprender a ser pasa por crecer en seguridad, en confianza, en tranquilidad, en capacidad de arriesgar, de crear, de poner límites, de colaborar, de atravesar la confusión y la frustración.

Lo que en la escuela llamamos refuerzo positivo incide en la dirección de valorarnos en la medida en que otros nos valoran.

La verdadera autoestima tiene más que ver con la satisfacción de sentir que nuestras capacidades se desarrollan y que desplegamos nuestro enorme potencial singular. Implica vivir en la conciencia de que somos seres únicos e irrepetibles, al igual que todas las personas que nos rodean.

Aprender a convivir

Aprender a convivir supone aprender a establecer relaciones de apoyo mutuo, de disfrute mutuo, asumiendo las tensiones y conflictos como parte normal de toda relación, como oportunidad para la profundización y maduración que enriquece el nivel personal, la relación y también los sistemas.

En los últimos años hemos integrado bastante el potencial positivo de los conflictos pero hemos pasado a asociar el abordaje de la convivencia con el manejo de conflictos.

Mi reflexión personal es que el factor más determinante de la convivencia es la calidad del tejido relacional. Convivimos en conflicto pero sobre todo cuando no hay conflicto.

La calidad de los vínculos que establecemos en el día a día determina que surjan más o menos conflictos y que los abordemos de forma más constructiva o más destructiva.

En otras palabras, cuando establecemos un vínculo positivo con alguien o algo, lo cuidamos, nos interesamos por él/ella/ello. No por mandato ético, no por miedo al castigo, sino porque lo sentimos así.

En este sentido, para que la escuela sea un espacio vivo y significativo propongo fortalecer los vínculos en al menos siete niveles:

1- Con uno mismo.

- Aceptarse, valorarse, conocerse, manejarse. Muchos de los conflictos externos tienen que ver con conflictos internos.

2- Con las demás personas.

- Establecer entornos de aprecio y apoyo, integrando la capacidad de confrontación asertiva y colaborativa.

3- Con las actividades.

- Diseñar actividades que engarcen con diferentes capacidades y movilicen no sólo el nivel mental sino también el emocional, el corporal, el creativo. Que el propio alumnado participe en el diseño de las actividades.

4- Con el espacio.

- Que el espacio educativo sea agradable y la distribución espacial esté al servicio del aprendizaje, la experiencia y el disfrute.


5- Con otras edades y generaciones.

- Ya sabemos que la heterogeneidad dispara los aprendizajes. Mezclemos edades, traigamos a los abuelos, a las personas invidentes, a los que han llegado en patera a que nos hablen de sus experiencias, a que nos cuenten la vida de primera mano.

6- Con la sociedad.

- Que la escuela sea lugar de conocimiento y reflexión sobre lo que está sucediendo en la sociedad, en los entornos más cercanos y en los más lejanos. Que conozcamos los problemas que tenemos pero también las respuestas transformativas no violentas que se han dado en la historia y que se siguen dando hoy.

Me dio qué pensar un chaval que preguntado por un reportero sobre la intervención en Afganistán respondió que no sabía qué decir porque en la escuela estaba estudiando a los egipcios.

7- Con la naturaleza.

Vivamos y conozcamos la naturaleza en directo. Aprendamos a cuidarla porque sentimos que es la casa común, el regalo más grande; porque sabemos que peligra y que nuestras pequeñas acciones cuentan.

Aprender a hacer

Un día vi con asombro que mi hija estudiaba para un examen de tecnología de secundaria los nombres de los diferentes destornilladores.
Supongo que no es la norma, pero me pregunto todas las cosas interesantes que se pueden hacer con esos destornilladores de cuyo nombre mi hija ya no se acuerda y a los que les dedicó una tarde de su precioso tiempo.

Me inspiran también las caras de satisfacción de abuelas de un pueblo de Inglaterra que cada semana dedican unas horas a enseñar a los niñoss y niña de la escuela a cocinar maravillosos guisados y pasteles.

¿Cuántas cosas podríamos aprender a hacer en todo el tiempo que pasamos en la escuela?

Aprender a aprender

Dice Albert Camus en su novela autobiográfica “El primer hombre”:

“En las otras clases a los alumnos probablemente se les enseñaba mucho pero era un poco como se engorda a los gansos. Uno ponía frente a ellos comida completamente preparada y les pedía que se la tragasen. En las clases de Mr. Germain por primera vez existían y recibían el mayor respeto. Se les consideraba valiosos para explorar el mundo. Y su profesor…incluso abrió su vida privada, la vivió con ellos…” (Camus, 1994, p.128)

¿Cuánto de lo que hacemos en la escuela implica, pensar por uno mismo, investigar, descubrir?

¿Por qué la mayoría del alumnado se deshace con gusto de los libros y apuntes aprovechando a veces la hoguera de San Juan para el ritual de destrucción?

Dice Einstein: “El verdadero arte del maestro es despertar la alegría por el trabajo y el conocimiento.”

Sin embargo alguien más dijo que los niños llegan a la escuela con una interrogación y salen con un punto.

En 2006 las Asociación Vasca de Gestalt organizó unas jornadas con un título bastante provocativo: “¿Hasta cuándo una educación muerta?”
Lo cierto es que más de cien personas del mundo educativo dedicaron todo un fin de semana al tema. Allí Claudio Naranjo, entre otras muchas cosas interesantes, comentó que una de las funciones de la educación actual es expedir tickets para el mercado de trabajo.

¿Cuánto de todo lo que hacemos en la escuela se aprende en realidad? ¿No consigue nuestro sistema más rechazo por el aprendizaje que amor al conocimiento? ¿Cuántos de nuestras alumnas y alumnos se interesan con pasión por algún tema?

Participé en Budapest en un seminario sobre memoria histórica en el que una de las actividades consistió en compartir en grupo de qué fuentes habíamos aprendido la historia que conocemos. Ninguno de los cinco licenciados del grupo mencionó la escuela.

¿Cómo hacer para que aprendamos más y con mayor disfrute?

A estas cuatro funciones de la educación que menciona UNESCO añadiría la de desarrollar la singularidad y el talento creativo de cada
persona.

Decía Robert Jünk que la fuente de energía más importante que no estamos utilizando es la creatividad del ser humano. También subrayaba que es una facultad que se atrofia con la falta de uso y no se recupera en un taller de varias horas. Sospecho que casi todos los adultos necesitamos un tratamiento prolongado de rehabilitación para recuperar la capacidad de inventar que fuimos perdiendo en el largo proceso de aprender sobre todo a aprobar a exámenes.

Este proceso de recuperación supone perder el miedo al error, emocionarse con el conocimiento, atravesar la incertidumbre, divertirse en el proceso y tener la oportunidad de conectar con tus propios intereses y profundizar en ellos.

Los seres humanos somos curiosos, nos gusta aprender, descubrir y crear pero ¿Qué espacio deja la educación actual para eso? Cuando se quiere introducir más calidad en la enseñanza se reducen las horas de arte y música y se multiplican los formularios a rellenar por el profesorado.

Se nos insiste en que en Finlandia aprenden mucho pero no parece tener importancia que a los chavales finlandeses, como a los demás, no les gusta la escuela y que la tasa de suicidios es altísima.

¿Qué informe internacional mide dónde se promueve mejor el bienestar emocional, la autonomía, el desarrollo de la genialidad personal y la capacidad de inventarse una vida digna y gozosa?

En fin, creo que tenemos mucho por hacer. Algunos caminos que estaría bien ir recorriendo:

- Revisión del rol de los educadores. Que cada adulto involucrado en el proceso educativo, como quien cultiva un huerto, se implique con entrega en que las personitas crezcan sanas y en todo su potencial, abonando el terreno, buscando nutrientes, garantizando el agua y el sol. Como comadronas que asisten descubrimientos, pensamientos nuevos, aprendizajes significativos, asociaciones emocionantes y acompañan momentos de esfuerzo y tensión.

- Aprender de la experiencia. Todo el conocimiento está a mano. Tenemos al alcance mucha investigación educativa y muchísimas experiencias de renovación pedagógica con largo recorrido de las que tenemos que aprender (Escuelas Democráticas, Comunidades de Aprendizaje, Experiencias de Pedagogía Crítica, Movimiento Slow en Educación, Red de escuelas Rudolph Steiner…)

- Verter en la escuela (a través de experiencias piloto) recursos de contrastado valor en el campo del aprendizaje y del desarrollo humano individual y grupal:

- Aprendizajes complejos.

- Inteligencias múltiples.

- Educación creadora.

- Talleres de futuro.

- Aprendizaje cooperativo, constructivismo, aprendizaje dialógico.

- Comunicación no violenta.

- Negociación, mediación, justicia restaurativa, estrategias de lucha no violenta.

- Psicoanálisis, gestalt y psicología-pedagogía sistémica.

- Programación neurolinguística.

- Relajación y energetización corporal.

- Técnicas de centramiento.

Todo ésto no está reñido con el uso de nuevas tecnologías, con la sistematización de procesos, con saber que hay aprendizajes valiosos que requieren esfuerzo, disciplina y constancia. Tampoco está reñido con ser conscientes de todas las cosas que hacemos bien, que ayudan a crecer, a aprender y a relacionarse.

“No tengo ningún talento especial, pero soy apasionadamente curioso”. (Albert Einstein)

¿Cómo hacer que el proceso educativo contribuya a que surja y crezca el Einstein, el Leonardo, el Marco Polo, el Nelson Mandela, la Pasionaria, la Madam Curie, la Hildegarda, la Marguerite Yourcenar que cada cual llevamos dentro?

Mireia Uranga Arakistain

Profesora de Secundaria, asesora y formadora en Convivencia y
Educación por la Paz

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