10.7.10


1- Psicología del adolescente-niñato.


El adolescente no accede aún a la teoría en ninguna de sus modalidades, ni a la ciencia, ni al arte, tiene, tan sólo, psicología, y toma esa parte como un todo. Su salida de la infancia le sume en un letargo espiritual, una sensación de autosuficiencia y un engreimiento, cuya extrema duración puede acabar arruinándole en cuanto proyecto de razón cultivada. Se cree especial aunque no tiene nada de especial porque aún ni siquiera ha tenido tiempo de forjarse ninguna especialidad. Experto en todo y en nada por obra del Espíritu Santo, piensa que ha nacido ya con algo de lo que carecen los demás, tiene la pérfida idea del Antiguo Régimen de que por alguna razón oculta ha nacido noble en un mundo de plebeyos.


La consideración de los demás es recíproca y esta clase de borregos se consideran todos ellos nobles y a los demás borregos, esto es, prontos a juzgar a los demás sin tener siquiera criterios ni elementos de juicio, prejuzgan psicológicamente que todos son borregos menos ellos. Todavía tienen que recibir muchas palizas hasta darse cuenta de lo borrego que hay en ellos y, entonces, volcarse a trabajar contra eso, su propia estupidez, y no pretender dar lecciones a los demás.


Como desconocen el plano teórico no pueden desprenderse de su yo, que les persigue a todas partes, ni de sus emociones, y siendo incapaces aún de razonar, se dedican a rebuznar. Pero sus rebuznos les suenan a música celestial, aunque no hayan llegado tampoco a emanciparse del juicio de los demás y la notoriedad de su ignorancia y su poca valía les produzca un enorme dolor en los momentos en que queda en entredicho o cuando les acaece un arrebato temprano de lucidez.


2- Humildad, buenos modales, disciplina y respeto, las tres actitudes básicas para el comienzo del crecimiento.


Estos cuatro conceptos resumen la actitud del que aprende y progresa, porque sólo se puede aprender y progresar con ayuda de lo que es mejor, es decir, únicamente lo mejor nos puede orientar hacia el mejorar. Contradictorio sería el tender hacia lo peor para ser mejor. Ahora bien, ¿qué actitud es la que nos puede ayudar a que lo mejor nos acoja? ¿cómo lograremos que lo mejor, que no quisiera en principio, juntarse con lo peor, se nos arrime y nos impulse ayudándonos a arribar hacia su zona? Desde luego que no lo lograremos, ¡no lo lograreis, adolescentes!, ¡creyéndoos mejores que lo mejor!. Hacia lo mejor, para ser acogido, hay que acercarse humildemente, pidiendo permiso para entrar, quitándose los zapatos y manteniendo alejada la sucia mano. Una vez dentro, habiendo entrado con humildad y manifestando buenos modales, para permanecer en lo mejor habrá que acrecentar la disciplina, pues mantenerse en la lucha por mejorar requiere esfuerzo y constancia, y una vez que la humildad y la disciplina nos hayan hecho lograr el ingreso entre los mejores habrá que demostrar respeto ante nuestros iguales y también hacia todos los demás que se nos dirijan con educación, amabilidad y cortesía. A los zafios los trataremos con simple y llana cortesía, seremos meramente educados con ellos, y no maltrataremos a quienes nos son inferiores, pero no les podremos tener estimación, base del respeto, porque sólo ha de estimarse lo igual o lo mejor.


Los modales son algo que se ha de aprender en casa primariamente y ejercitar entre los conciudadanos después. A tener modales se le llama tener buena educación, no siendo a los profesores a quienes corresponde enseñar a un niño a sonarse los mocos o pelar una naranja, sino a los padres. Sin modales es absurdo que se acuda a la escuela, porque entonces el profesor, en lugar de enseñar su materia tendrá que consagrarse a modelar el comportamiento, ya que sin un comportamiento correcto es imposible enseñar nada ni aprender nada.


Quien se crea que puede acercarse a lo mejor y comprarlo, pagando, como quien consume un artículo o valor de cambio, va muy listo, pues no se puede comprar, y por eso es tan estimable, lo más estimable es lo que no se puede comprar ni vender. ¡Tratad, adolescentes infames, de comprar el amor, por ejemplo! Pagareis a una prostituta unas lecciones de infamia que os alejarán del arte de la erótica y no llegareis más lejos en el exquisito arte del sexo que el perro o el chimpancé.

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