10.7.10


5- Agonismo y semejanza.


Los niños, en Grecia, iban acompañados de sus pedagogos, como Menón en la obra platónica que lleva tal nombre. Sócrates al hablar con adolescentes, con quienes habían pasado la edad de Menón e ingresado en la institución de la efebía, no pretendía enseñarles nada, pues nada decía tener que enseñar, sino que proponía que la búsqueda del conocimiento era lo que proporcionaba la virtud y, al buscar la propia, le gustaba caminar en compañía, y al no encontrar semejantes, se contentaba con caminar junto a los mejores jóvenes de Grecia, ya que los viejos estaban ya echados a perder por la política y el dinero. Sin embargo los sofistas sí que pretendían enseñar la virtud, como si fuese algo que se pudiese transmitir y no algo que sólo podía alcanzar el interesado mismo, con su trabajo y esfuerzo, siendo entonces algo sobre lo que tan sólo se podría ayudar a alcanzar mediante la orientación. Pero Protágoras parece entenderlo del último modo, porque cuando en el diálogo que lleva su nombre responde a la pregunta de Sócrates sobre lo que conseguirá un noble muchacho al acudir a su compañía, el sofista responde que se hará mejor. Esto es, no lo hará mejor Protágoras, sino que se hará mejor el muchacho si frecuenta la compañía del sofista. Y eso porque lo semejante tiende a lo semejante, de modo que si se quiere ser mejor habrá que buscar la compañía de los mejores y, imitándoles primero, participar después de su virtud hasta llegar a alcanzar su virtud.


La relación de Sócrates con Alcibíades sería incomprensible de no haber una semejanza de la desemejanza, y, efectivamente, lo que dice Heidegger acerca de esa relación es que el pensamiento más profundo se relaciona con lo más vivo, con lo que manifiesta una mayor vitalidad. De todas formas dirá Sócrates en la República que en la relación sale perdiendo, ya que él tiene mucho más que ofrecer que el joven Alcibíades, pero este último había demostrado y habría de seguir demostrando después que era de los mejores y por tanto digno de la atención del filósofo. Su belleza, su nobleza, su ingenio, el modo respetuoso y atento como trataba a su maestro, su actitud erótico-festiva y su humildad intelectual para con el pensador le hacían acreedor de la suerte de su compañía.


Los diferentes pueden ser nuestros semejantes porque muchas son las virtudes y las formas de progresar en la virtud. Artistas, como Mozart o como Esquilo, son semejantes de filósofos como Platón o Nietzsche, o de científicos como Darwin o Einstein. ¿Cómo no va amar la filosofía al arte si es lo que necesita para completarse?. El arte, la ciencia y la filosofía son las principales formas de progresar en la virtud. Difícil es cultivarlas todas, pero necio el no cultivar ninguna.


El problema de la educación de los adolescentes, concebida de un modo trivial o usual y no del erótico-festivo antedicho, es que ni Sócrates ni Protágoras aprenderían nada ni progresarían en nada si en lugar de semejantes, frecuentasen la compañía de los inferiores. ¿Qué podría aprender Sócrates de los más torpes de sus interlocutores? ¡Nada! Aunque de los mejores, como Alcibíades, recibiese edificación. En esos otros casos en los que la inferioridad es manifiesta y no hay siquiera el elemento erótico-festivo de la edificación que se produce cuando lo profundo se mezcla con lo más vivo, produciéndose el encuentro entre dos plenitudes, cuando el caso es de confrontación con la ignorancia, como el del Eutidemo, no hay agonismo, no hay progreso mutuo de las dos partes en liza, lo que hace Sócrates es propinar una paliza a su adversario, con facilidad, sin tener siquiera que esforzarse. Por eso el diálogo más agonístico de Platón, junto a El Banquete, es el Protágoras, porque en él se encuentra Sócrates con un semejante, con un contendiente de la misma envergadura. Y la estructura pugilística del diálogo refleja una realidad profunda, la acción agonística en dirección a la virtud, que deja a cada contendiente con los golpes y el aprendizaje del otro.


6- Rivalidad, Olimpiadas y formación integral: contra la especialización extrema.


Ya existieron en la Grecia clásica unos pocos críticos, contrarios al deporte especializado. Platón sitúa a la gimnasia y a la música como elementos propios de la educación pública de todos los ciudadanos, tanto hombres como mujeres (República 376e, 403c, 452a-b, 455d ss., 521d y ss.; Leyes 765d, 754c-d, 801d, 804e, 809a). Ataca duramente el régimen de vida y la finalidad del sistema de entrenamiento de los atletas profesionales (Rep. 403e, Leyes 796a.d y 830a) que acaban arruinándose como seres humanos a causa de la dedicación en exclusividad al deporte; condena de la especialización que reaparece en Aristóteles (Política 1338b). La gimnasia debe practicarse sin excesos "desde la niñez, a lo largo de toda la vida" (Rep. 403c; Leyes 643b-c y 794a-b), incluso durante la vejez (Aristóteles Política 1331a), buscando un equilibrio entre la educación física y la intelectual, ya que Platón y Aristóteles coinciden con el ideal de la educación ateniense tradicional, en el que el cuidado del cuerpo, junto al del espíritu, también hace mejores, moral e intelectualmente, a las personas, ya que proporcionan cualidades como la valentía, la honestidad, la resistencia, la belleza, el vigor y la salud. El agonismo griego se caracteriza por la reunión de hombres "que no compiten por dinero, sino por poner a prueba sus cualidades" (Heródoto 8.26). A través de la rivalidad (agon) de los certámenes atléticos, poético-musicales, teatrales y filosóficos, se fomentaba el cultivo y desarrollo de la excelencia (areté), distinguiéndose ya en la antigüedad entre una rivalidad buena o positiva y otra mala o meramente destructiva (las dos Érides de Hesíodo Trabajos y Días vv.12-42). La discordia positiva es la que permite el crecimiento mutuo y tiene esa finalidad, mientras que la discordia negativa es la que busca la destrucción o el sometimiento (esclavitud) del otro en lugar del mutuo desarrollo.


Fácilmente se podrá incluir en nuestros días, leyendo lo anterior, a la competencia del liberalismo económico moderno o capitalismo en la Eris (discordia) mala, que busca el sometimiento del otro a través de la esclavitud laboral y el exclusivo crecimiento económico a consta de la ruina física, moral e intelectual propia y ajena. El capitalista es un especialista en el enriquecimiento económico privado, siendo el egoísmo, la maximización del beneficio, la única finalidad de todas sus actividades; debido al equívoco que suscita la idea moderna de que las cualidades físicas, morales o intelectuales, se pueden comprar en el mercado.


Nunca los críticos del especialismo pudieron vencer la afición popular y entre los vencedores de los juegos, aunque hubo muchos ciudadanos empezaron a surgir profesionales. Se levantaban estatuas a los vencedores alabando la belleza y destreza de su arte, los poetas les cantaban como hijos de algún dios y sus ciudades les trataban como héroes eternos.


El Atleta triunfador era uno de los hombres de mayor éxito social, ganaba la exención de pagar impuestos y de hacer el servicio militar, el derecho a la manutención vitalicia en el comedor de honor de la ciudad, la inmunidad personal y la inmunidad de encarcelamiento, entre otras ventajas dependiendo de la época. Al principio el ciudadano que practicaba el deporte como parte de su formación recibió estos homenajes, homenaje que Sócrates pidió al tribunal que lo condenaba a muerte como pena alternativa a su acción por la ciudad, pero poco a poco el ciudadano empezó a ser desplazado por los profesionales, especializados exclusivamente en el deporte y embrutecidos en todo lo demás.


¿Qué son los cien años de Olimpiadas modernas frente a los más de 1.200 años de las que se celebraron en la antigüedad?. Desde el siglo VIII a.C. hasta el siglo IV d.C. se llevaron a cabo, cada cuatro años, los Juegos antiguos. Luego tuvo Occidente un largo periodo (quince siglos al menos) durante el cual había perdido su tradicional práctica de los deportes de competición. Quince siglos de estancamiento a causa del cristianismo. Hasta que en Atenas, en el año 1896, se llevó a cabo la primera Olimpiada de los Juegos Modernos. ¿Pero tienen algo que ver esos nuevos juegos profesionalizados y masificados con el agonismo de la ciudad griega?

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