10.7.10

ANALIZA Y MEDITA LO AQUI EXPUESTO......


Carta a los adolescentes infames


"Hamlet: ¿Qué es un hombre si su principal bien y la adquisición de su tiempo es sólo dormir y comer? Una bestia, nada más. Cierto que quien nos hizo con tan amplio entendimiento para mirar delante y detrás, no nos dio esa capacidad y esa razón divina para que se enmoheciese en nosotros sin usar".
(Shakespeare Hamlet. Acto IV. Escena IV).


Queridos y odiados adolescentes:


Quisiera recomendaros leer la Carta a los poderes de Antonin Artaud antes de que leyerais esta misiva que os dirijo, y así lo haría si semejante lectura estuviese a vuestro alcance, pero antes tendréis que madurar un poquito, así que, comenzaremos con lo que sigue vuestra nueva educación. Se acabó lo divertido, se acabo el ser igual a quienes te superan, se acabó el ser absolutamente irresponsables, se acabó el cristianismo, ¡nenes, nadie os va a salvar!, Papá y mamá solo podrán manteneros eternamente en la condición de la infancia.


Todo esto suena reaccionario hoy en día y lo contrario democrático, pero eso sólo es debido a que el mundo se encuentra cabeza abajo, en que el fascismo ha triunfado y usurpado hasta el nombre de su contrario, en que vivimos momentos de oscuridad en una nueva y renovada Edad Media.


"Los hombres de antes eran grandes y hermosos (ahora son niños y enanos), pero ésta es sólo una de las muchas pruebas del estado lamentable en que se encuentra este mundo caduco. La juventud ya no quiere aprender nada, la ciencia está en decadencia, el mundo marcha patas arriba, los ciegos guían a otros ciegos y los despeñan en los abismos, los pájaros se arrojan antes de haber echado a volar, el asno toca la lira, los bueyes bailan (...). Todo está descarriado. Demos gracias a Dios de que en aquella época mi maestro supiera infundirme el deseo de aprender y el sentido de la recta vía, que no se pierde por tortuoso que sea el sendero".
(Umberto Eco El Nombre de la Rosa. Barcelona, Editorial Lumen, 1982. Prólogo, p.22).


En el mundo en el que vivimos no sois más que carne para el matadero, material para la explotación y el deshecho. No sólo depende de vosotros el que os liberéis de semejante destino sino que tendrá que ver con el medio ambiente en el que os haya tocado nacer y vivir. Pues ciertamente, para alcanzar la virtud hay que contar con la Fortuna, la suerte, la casualidad, el azar, o el entramado político-social en que caemos, influirán en nuestro desarrollo o subdesarrollo. Pero como ya le decía Epicuro a Meneceo, no hay que desesperar de que el porvenir no sea del todo nuestro porque tampoco es del todo no nuestro.


Desgraciadamente, muchos de vosotros no vais a poder entender esta carta en su integridad, supera vuestras capacidades de alfabetización, pero aunque sea un diez por ciento, creo que será inteligible para cualquiera que sepa leer y escribir. Pero no pretendo educaros, irrespetuosos y engreídos engendros, sino que vuestra educación será en todo caso un derivado secundario de la mía y la de mis iguales, que es la que me interesa. No soy Teresa de Calcuta, ¿por qué habría de interesarme directamente por vosotros?


Obviamente se desprecia lo que no se entiende, el analfabeto adolescente despreciará la escritura como símbolos sin sentido, en lugar de orientarse hacia el aprendizaje de la lectura y de la escritura. Luego, el adolescente meramente alfabetizado, se creerá que porque sabe leer y escribir, sabrá leer cualquier cosa y escribir sobre cualquier cosa, sin darse cuenta de su situación de analfabetismo funcional, que hoy en día se sitúa al finalizar la educación secundaria obligatoria.


Se puede pensar que el que escribe, escribe para enseñar algo, pero eso sería un error, el verdadero escritor sólo escribe para sí mismo, es su forma de desarrollo, una forma de vida. Quizá otros puedan nutrirse de sus escritos, pero sólo aquellos que hayan caminado tanto como él. Por eso hay tanto escritor mediocre con tanto éxito. De ahí la diferencia entre un clásico y un best seller, que el primero se lee minoritariamente, generación tras generación, traspasando la barrera del tiempo, mientras que el segundo lo leen millones de descerebrados que se reconocen en semejante basura. Lo semejante tiende a lo semejante, quien ve la televisión basura se embasúrese, se emporca y acaba siendo el digno miembro de una enorme piara, al cultivar y acrecer su peor parte. Pero al acrecentamiento en la ignorancia sería absurdo llamarle progreso, nadie es excelente por consistir su superioridad en ser más ignorante que los demás, ser más ignorante no es ser más sino ser menos, y no hay ciencia de lo menos aunque exista el mal y el progreso en el mal. También hay que cuidarse por ello del estancamiento y de la involución, pues lo mejor, si no se ejercita, se atrofia o se pierde.


Pero ¿por qué ocuparse de algo tan poco apreciable como lo que todavía no es nada pero pretende serlo todo? ¿Por qué pensar en los adolescentes si son tan poco dignos de estimación? -se me podría preguntar. Pues os daré dos razones: primera, que todo acontecimiento es una buena ocasión para ejercitar la reflexión, incluso el encuentro no ya sólo con los adolescentes cronológicos, seres al fin y al cabo por hacer y que quizá puedan llegar a desarrollar algún tipo de excelencia, sino con los adolescentes con canas, éstos ya despreciables y algunos irrecuperables, que han involucionado de tal manera y se han estancado de tal modo, que merecerían nuestra compasión si fuésemos cristianos; pero como no lo somos, tan sólo se hacen acreedores de nuestro desprecio. Y la segunda razón, ya expuesta con otras palabras en relación con la acción de escribir, que si pensar en el diablo era la forma en que los virtuosos frailes querían progresar en lo divino, para progresar en la razón cultivada, me veo en la necesidad de estudiar aquello que la estorba o la impide. Como decía Maquiavelo, se trata de aprender el camino del infierno, para evitarlo.


¡Adolescentes!, vosotros sois quienes pretenden saberlo todo sin trabajar nada, quienes pretenden tener dignidad sin haberla ganado a pulso, quienes pretenden ser mejores sin dedicar, no ya unos años, sino la vida entera a mejorar. Sois quienes queréis los fines sin esforzaros por conseguir los medios. En nuestra época sois muchos, no sólo sois adolescentes, y aunque sí principalmente, por edad, se os puede localizar entre los 14 y los 20 años, también personas de todas las edades y de toda condición social podrán identificarse con la condición que aquí se expone. Porque en nuestra época del consumo inmediato se piensa que se pueden comprar las virtudes, cuando sólo se pueden adquirir con esfuerzo y años de trabajo. No se puede comprar el conocimiento, ni la sensibilidad, ni la valentía, ni el amor, ni la disciplina, ni el respeto, ni la prudencia, ni la amistad, todos los hombres cuentan en general con esas y otras muchas facultades en potencia, pero es necesario llevarlas al acto y eso, en la cultura, a diferencia de en la naturaleza, no sucede espontánea y necesariamente. Como dice Hegel en la semilla del árbol está ya contenido el árbol futuro al igual que en el embrión humano está contenido el hombre futuro, pero el desarrollo del hombre no consiste en llegar a ser hombre, como el del árbol consiste en llegar a necesariamente ser árbol, sino que el desarrollo del hombre consiste en llegar a la edad de la razón, en convertirse en una razón, un cuerpo y una sensibilidad cultivadas. Mucho más que en la naturaleza en este terreno lo que no se poda, se abona y se rodea de un ambiente idóneo se marchita, se angosta, se tuerce y se pudre. Pero la metáfora de la planta no nos basta, porque a diferencia de ésta el hombre tiene que participar en cuanto hacerse consciente de su voluntad de crecimiento o de lo contrario se sufrirá de enanismo y borreguismo.

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