2.7.10

LA GLOBALIZACIÓN Y LA EDUCACIÓN.....



Globalización, humanismo y educación


Por Gustavo Flores Quelopana
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía.

Toda auténtica educación es Humanismo, escuela que sólo instruye no humaniza y no cumple la elevada misión de la educación. Y aunque la palabra humanismo sea un vocablo ambiguo, lo que aparece claro es que quien lo pronuncia compromete toda una metafísica siempre y cuando tienda esencialmente a hacer al hombre más verdaderamente humano desarrollando las virtualidades en él contenidas para convertir las fuerzas del mundo físico en instrumento de su libertad. La historia y el mundo son de una ambivalencia radical; representan tanto una marcha hacia el reino del bien como hacia el reino mal. Esta ambivalencia radical ha afectado también a la historia misma del humanismo.


El verdadero humanismo no es antropocéntrico, objetivista, inmanentista, secular y naturalista, ello es hominismo y antropotecnia, sino que el verdadero humanismo es el que reconoce la dimensión metafísica del ser humano, porque el hombre es el ser finito plantado en lo Absoluto, es el buscador de Dios, es libre y trascendente, y cada hombre es irremplazable. El verdadero humanismo es comunión fraterna pero no adora al hombre, respeta la dignidad y las exigencias integrales de la persona sin olvidar que no sólo debe existir en el orden temporal. En el hombre hay algo más que el hombre, el hombre está en el tiempo pero no es del tiempo, su fin no se agota en la vida temporal. Así entendido, la educación es inseparable del humanismo y éste de la civilización o de la cultura. Pero ocurre que la tragedia de la educación humanística es el haber sido herida de muerte desde la Reforma –que concibió una teología de la gracia sin la libertad- y el Renacimiento –que concibió una metafísica de la libertad sin la gracia-, los cuales fueron el punto de partida de los humanismos antropocéntricos que terminaron por sustituir el culto del Hombre-Dios por el puro Hombre, para finalmente proclamar en la posmodernidad la era del posthumanismo y la muerte del propio hombre, pregonando un cibernetismo sin antropocentrismo, el culto descarado de la máquina como nuevo deus ex machina. La emancipación de toda metafísica de la trascendencia por parte de las formas contemporáneas del humanismo occidental desembocó hacia el culto a la máquina y el enriquecimiento personal, retratando esto el alma desquiciada de una civilización que pinta con nitidez la configuración de una barbarie civilizada, donde acontece la muerte de la persona, como centro dinámico de decisiones libres y conscientes.


En esta línea, la filosofía hermenéutica y la cultura posmoderna son tan profundamente una religión terrestre –quizá aun más que el otrora ateísmo comunista- que ignora firmemente ser una religión. Entre los elementos originarios de la filosofía hermenéutica nihilista hay elementos cristianos. Son ideas, sentimientos y energías antaño cristianas hoy secularizadas. La idea misma de libertad y tolerancia, que le da su fuerza cultural y que quiere realizar en la vida social terrestre, son ideas de origen cristiano, pero se presentan como virtudes cristianas desquiciadas o virtudes enloquecidas. De modo que podríamos decir que el golpe mortal a la educación humanística está representada por dos variedades de humanismo luciferino: el humanismo antropocéntrico de los siglos XVII, XVIII y XIX y el Humanismo Tecnológico de los siglos XX y XXI. Sobretodo éste último, el humanismo tecnológico representa la capitulación de lo humano ante la razón técnica, es el momento de la rendición de lo humano ante el poder de la máquina, el hombre deja de poner su fin último en sí mismo y lo pone en el artilugio técnico y no pudiendo soportar más el vacío y la soledad de una conciencia y un mundo vaciado de lo trascendente, emprende una cruzada incesante para hacer surgir una humanidad completamente insensible y anética mediante la Globalización y la cultura posmoderna.


En este sentido, hay que destacar por un lado, que la educación está relacionada con factores extraeducativos, sin embargo hay que evitar caer en el sociologismo de la educación, como en el educacionalismo de la sociedad. Y por otro lado, la educación está comprometida con la renovación de la vida espiritual y de la vida moral, en esto consiste su trabajo por la transformación del orden temporal. Sin caer en el peligro de encerrarse exclusivamente en el claustro de la vida interior y de las virtudes privadas necesitará contribuir a la elaboración de una nueva filosofía social, política y económica, no limitada tan sólo a principios universales, sino ser capaz de descender hasta las realizaciones concretas. Hay que tener esto presente por cuanto que el debate de la educación actual está atravesado por dos fenómenos culturales que la influyen y la desbordan, a saber: la Globalización y la cultura posmoderna.

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