2.7.10


La tragedia posmoderna y global de la educación


La prueba de cada civilización humana está en la especie de hombres y mujeres que en ella se produce. Pues bien, ¿qué tipo de hombres, mujeres y niños está produciendo la globalización y la posmodernidad en la civilización actual, cuando el capitalismo global pragmático y hedonista ha significado el aumento brutal de la frivolidad, la miseria y exclusión social? Verdaderamente, el hombre no se agota en la realización de los valores específicamente biológicos y más bien es un “ser vital capaz de espíritu”. De este modo, los fines del hombre como ser vital tiene que servir, en último término, al saber culto. Pero ahora el eje cultural de la globalización posmoderna no es ya la idea humanística del saber culto sino la idea postmoderna del saber divertido. ¡Esto es la agonía de Fausto!, el personaje goethiano que simboliza al hombre que conquista el mundo, pero que se pierde a sí mismo. La civilización moderna se consagró febrilmente a la investigación científica, la innovación tecnológica, el desarrollo económico, a mejorar las estructuras sociales y el Estado, pero olvidó lo fundamental: cómo transformar y revitalizar el ser humano. En este marco es legítimo preguntarnos ¿Cuál es el Telos EDUCATIVO de la globalización?


En el proceso de la actual globalización se pretende homogeneizar y eliminar las diferencias culturales, suprimiendo las identidades en aras de la ganancia. Es el Telos cultural de la globalización. Y esta reestructuración en vistas solamente del mercado ha generado un tipo de hombre presa de sus deseos más elementales, que se construye una moral a la carta, relativa y nihilista y que termina constituyendo el “hombre anético”. En el mundo globalizado, el nihilismo y el relativismo moral testifican, con toda honradez, que la vida carece de sentido, proclaman la era del vacío y la entronización de la sociedad de la transparencia, sin densidad espiritual. La supremacía de estos valores configura una atrofia en la conformación psíquica del hombre y representa un ideal cultural sin contrapeso espiritual.


La civilización tecnológica por sí misma es incapaz de fundamentar una región independiente de valores, necesita como contrapeso una cultura espiritual intensificada. De lo contrario, mutila al hombre de su vida interior, dejándolo inerme en medio de una sociedad de la sensación, de una sociedad transaccional sin valores, que reemplaza su capacidad creadora por su capacidad consumista de los medios tecnotrónicos a su alcance. El hombre anético es el hijo legítimo del predominio de la civilización tecnológica, de la cultura técnica sobre la cultura humanística. Por ello, la filosofía de la educación tiene ante sí la grave cuestión del Saber, que no es un problema puramente técnico y está en el corazón mismo de una reforma del hombre. La preocupación por la formación de una jerarquía de los saberes, abordada con profundidad por M. Scheler y J. Maritain, y de los grados del saber destinado a proporcionar un firme cimiento al orden intelectual es urgente para sustituir al desorden moderno. La distinción y complementación entre ciencia y sabiduría es necesaria para mostrar la unión indisoluble entre “filosofía teórica” y “filosofía práctica” y para devolver la unidad al espíritu humano.


La crisis del hombre en la globalización va más allá de lo económico-político, hunde sus raíces en lo ético-moral. Pero la crisis moral encuentra su fundamento en una visión metafísica determinada. El actual neodogmatismo cientificista ultraliberal se basa justamente en la edificación de una sociedad transaccional sin valores superiores. Por ello, el hombre anético no es un hombre que carece de intersubjetividad sino que está dotado de una intersubjetividad débil, estrecha, marchita. Sí es un hombre moral pero no es un hombre ético, pues la moral puede ser relativa pero lo ético es universal. La cultura posmoderna es fundamentalmente la radicalización decadente del inmanentismo de la modernidad y el desarrollo consecuente del humanismo luciferino. Este relativismo moral de la cultura horizontal sin trascendencia imperante en la globalización ultraliberal, carece de la fuerza interior para resistir los embates de los propios males que engendra, haciendo que la propia sociedad transaccional sin valores encuentre difícil la entronización pacífica de la cultura del vacío.


Plantear un humanismo de síntesis que recupere la eterna vocación trascendente del hombre, no significa desplazar nuestra responsabilidad personal sobre los hombros de Dios o de la Naturaleza. Es necesario volver a los valores permanentes, pues el éxito material, el placer y el dinero no vuelven más humano ni digno al hombre. Al contrario, el hombre anético que pulula en nuestro tiempo, lleva desconsoladoramente una moral doble, hipócrita y de tartufo. Es indudable que es urgente para recuperar una espiritualidad de motivación interna, autocontrol, autodisciplina y autorrealización una revolución humana, la transformación interior del individuo, un nuevo humanismo, basado en un personalismo comunitario y en un ethos con sentido de interdependencia del hombre con el cosmos. Sin embargo, no basta con reclamar una ética Global la para la política y la economía global (H. Küng), si antes no se advierte con claridad el fundamento ontológico metafísico de la civilización en la que nos hallamos inmersos.


La encrucijada actual exige un Neohumanismo de Síntesis, sin común medida con el humanismo burgués ni con el humanismo socialista, que respete efectivamente la dignidad humana, complemente el desarrollo vertiginoso de la racionalidad de fines, y así devuelva al hombre el olvidado lenguaje del Amor, el Ser, la Naturaleza, la Trascendencia, el Misterio y afirme la importancia vital de lo religioso, que tiene el poder de unificar, más que de las religiones específicas en sí, que incurren en dogmatismos. Un neohumanismo que reconozca como legítimas dimensiones del hombre tanto lo inmanente como lo trascendente, encuentra su inspiración en la síntesis del tomismo que integra la dimensión trascendente con la inmanente, destaca la conexión íntima de la metafísica con la experiencia, la acentuación de la actualidad del ser que se manifiesta en la existencia, la ética objetiva de los fines, el personalismo, el realismo gnoseológico, la unión de la filosofía con la teología y la reflexión filosófica basada en la experiencia común. El tomismo es un sistema filosófico vivo cuya síntesis llegó demasiado tarde para evitar la catástrofe de la Edad Media, la cual engendró una civilización profana y dio paso al humanismo moderno. El culto que el hombre se ha rendido a sí mismo ha impedido que tome conciencia de lo eterno y que pueda expresar el espectro completo de su potencial ético, promoviendo el achatamiento de nuestro universo moral. Es posible devolver al hombre su realidad integral con un nuevo humanismo que no se anquilose ni en lo inmanente, ni en lo trascendente, sino que advierta la necesidad de fundarse en una nueva síntesis metafísica de la cultura.


La crisis de la cultura globalizada y posmoderna hace necesario superar el materialismo y el vitalismo fáustico del hombre moderno por la idea pascaliana de Dios como amor y caridad, y unir naturaleza y espíritu en la idea agustiniana de la plenitud existencial (V. A. Belaunde), que lejos de volcarse en la Nada, percibe el ser divino que los trasciende. Es necesario volver a los valores permanentes, pues el éxito material, el placer y el dinero no vuelven más humano ni digno al hombre. La acción humana en el espacio y en el tiempo está siempre de camino a la eternidad (Blondel). La cultura moderna con su recorte de la realidad humana ha comprometido gravemente la importancia que tiene la madurez personal, todo se ha vuelto frívolo y superficial, y la regla es desconocer el valor formativo de la pobreza y del sufrimiento. Pero a medida que disminuye la necesidad de mano de obra y aumenta el peligro de la extinción del empleo por los progresos de la ciencia y de la técnica (V. Forrester), la llamada economía de la abundancia pierde sentido y se impone la necesidad de un salario ciudadano y la distribución de lo suficiente entre todos, el lujo se hará difícil y la pobreza relativa indispensable. Se trata de un cambio civilizacional inimaginable dentro de los marcos del capitalismo.


Epílogo

La tiranía de una nueva barbarie civilizada hace que la persona se sienta extraña a sí misma, porque el sentido de su propio valor ya no depende de sí mismo sino del mercado. Es una patología cultural acompañada de una neosofística filosófica que sustituyó el lema de “la muerte de Dios” por el lema de “la muerte del hombre”, el relativismo moral y la ontología débil. El problema de la Educación es el problema de la Cultura, porque la creciente industrialización del mundo contemporáneo hace inevitable la especialización y vuelve en innecesario el ideal de la formación humana completa. Este desequilibrio monstruoso ha demostrado ser gravísimo para la personalidad humana. Si bien la palabra cultura puede designar a la civilización más evolucionada, como las formas de vida social más toscas y primitivas, sin embargo en ninguna parte las gentes han sido más infelices que en las culturas actuales. La cura puede hallarse en no sustraer lo humanístico trascendente de la especialización misma.


Y entonces ¿qué debemos hacer? En política, preconizar un gobierno democrático mundial que garantice el valor supranacional de los DD.HH. En economía, ir hacia una conciliación práctica entre la iniciativa privada y la justicia social. En lo espiritual, colocar la superestructura secular sobre fundamentos metafísicos religiosos. Y en educación, ampliar el espacio a lo lúdico y creativo junto a lo instructivo. Estas son las cuatro cosas que debemos hacer para salvarnos. El capitalismo global y la cultura posmoderna nos ponen ante la disyuntiva del robotismo o la rehumanización del hombre. No hay otro camino que devolver al hombre su dimensión trascendente, poner las cosas al servicio del hombre y no al hombre al servicio de la economía, sólo así se podrá reestablecer el lugar del hombre en plena comunión con el prójimo.


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1 comentario:

GUSTAVO dijo...

Felicitaciones por publicar mi ensayo.Te agradeceré que coloques mi nombre: GUSTAVO FLORES QUELOPANA. Muchas gracias.